El Anchimalyén

Beache

Bertoldo Herrera Gitterman
EL ANCHIMALYEN


“Voy a contar esta historia

ahora que vaciamos el plato

sobre el Santos Carcamán,

el hermano del Carcato.


Entre historias e historias

del Santos Carcamán se decía

que, dentro de su propia casa

al Anchimalyén escondía.


Era el Anchimalyén

casi un espíritu humano

construido sobre la vida

de algún hijo o un hermano.


Cuando era pequeña guagüita

en un cántaro se encerraba

y allí pasaba su vida,

con sangre se le alimentaba.


Y, de la sangre, él obtenía

el alimento que necesitaba

con todo lo nutritivo

que esa sangre acarreaba.


Iba adoptando la forma

del envase que lo contenía

y no podía liberarse

por más empeño que hacía.


Un principal de la familia

tomaba esa decisión

y así condenaba a un cristiano

a vivir en menuda prisión.


Y nada de eso que se hacía

que fuera por pura maldad

pues, tener un anchimalyén

traía riqueza y prosperidad.


Respecto del Santos Carcamán,

su padre se lo había heredado.

Para cuando comienza esta historia

se le había sublevado.


Amenazaba con atacarlo,

pasaba los días llorando,

cada día pedía más sangre

y ya no estaba quedando.


Ya se estaba haciendo imposible

guardado en secreto mantenerlo

era sólo cuestión de tiempo

para que alguien pudiera verlo.


Y la tradición les decía

que eso no podía ocurrir

pues, si alguien lo descubría,

el dueño debía morir”.


Esta historia contó mi padre

a la orilla del fogón

recién que habíamos almorzado

lo recuerdo con precisión.


Quien pasara frente a su casa

fueran desconocidos o amigos

una luz estaba siempre encendida

de eso todos somos testigos.


Su dormitorio frente a camino

con la luz siempre encendida

con una ventana abierta

el hombre cuidaba su vida.


Bertoldo Herrera Gitterman
 
EL ANCHIMALYEN


“Voy a contar esta historia

ahora que vaciamos el plato

sobre el Santos Carcamán,

el hermano del Carcato.


Entre historias e historias

del Santos Carcamán se decía

que, dentro de su propia casa

al Anchimalyén escondía.


Era el Anchimalyén

casi un espíritu humano

construido sobre la vida

de algún hijo o un hermano.


Cuando era pequeña guagüita

en un cántaro se encerraba

y allí pasaba su vida,

con sangre se le alimentaba.


Y, de la sangre, él obtenía

el alimento que necesitaba

con todo lo nutritivo

que esa sangre acarreaba.


Iba adoptando la forma

del envase que lo contenía

y no podía liberarse

por más empeño que hacía.


Un principal de la familia

tomaba esa decisión

y así condenaba a un cristiano

a vivir en menuda prisión.


Y nada de eso que se hacía

que fuera por pura maldad

pues, tener un anchimalyén

traía riqueza y prosperidad.


Respecto del Santos Carcamán,

su padre se lo había heredado.

Para cuando comienza esta historia

se le había sublevado.


Amenazaba con atacarlo,

pasaba los días llorando,

cada día pedía más sangre

y ya no estaba quedando.


Ya se estaba haciendo imposible

guardado en secreto mantenerlo

era sólo cuestión de tiempo

para que alguien pudiera verlo.


Y la tradición les decía

que eso no podía ocurrir

pues, si alguien lo descubría,

el dueño debía morir”.


Esta historia contó mi padre

a la orilla del fogón

recién que habíamos almorzado

lo recuerdo con precisión.


Quien pasara frente a su casa

fueran desconocidos o amigos

una luz estaba siempre encendida

de eso todos somos testigos.


Su dormitorio frente a camino

con la luz siempre encendida

con una ventana abierta

el hombre cuidaba su vida.


Bertoldo Herrera Gitterman
Muy interesante esta entrega.

Saludos
 
Así se cantan historias de esas que van pasando, la mandolina y el vino a todos nos van rodando, un poco escueto el tamiz, pero servirá a la perdiz, que como no paguelo, mejor sabrá de consuelo. El vino, me refiero.

Un placer pasar por vuestras letras.
 
Muy interesante esta entrega.

Saludos

Alde, hoy sí que le di tarea de leer. Quedó larga esta historia.
Así se cantan historias de esas que van pasando, la mandolina y el vino a todos nos van rodando, un poco escueto el tamiz, pero servirá a la perdiz, que como no paguelo, mejor sabrá de consuelo. El vino, me refiero.

Un placer pasar por vuestras letras.

Muy original "tus presentes" en esta tu primera visita a mi "morada". Lindo sería poder seguirte viendo. Sea acá, o en alguno de tus poemas. Te saldré a buscar.
 
leyenda fascinante y aterradora con gran maestría
Es un poema cargado de tradición, misterio y humanidad.

Sí. Propia de la tradición mapuche, que en la región en que vivo está muy presente. El 30 de noviembre recién pasado, estaba invitado a un nguillatum. No pude ir por cuidar a mi esposa que estaba malita.

Interesante tu nombre de usuario. Llama la atención ¿es correcto eso de que eres recién llegado?
Muchas gracias por tu presencia en mi poema.
 
Así se cantan historias de esas que van pasando, la mandolina y el vino a todos nos van rodando, un poco escueto el tamiz, pero servirá a la perdiz, que como no paguelo, mejor sabrá de consuelo. El vino, me refiero.
Un placer pasar por vuestras letras.

Hola Eloy.
Me disculpo humildemente por la tardanza de esta respuesta. Es que la notificación llega a otra parte de mi correo electrónico.
Muy agradecido por tu amable visita.
En sus ceremonias sagradas los mapuches brindan con un brebaje llamado muday, que se prepara con trigo o maíz molido y fermentado. Prácticamente sin alcohol.
Pero yo te acepto gustoso un trago de vino y sobretodo, si lo pagas tú.
 
misterioso y fascinante lleno de tradición

Gracias Paco
Anchimalyen es parte de la tradición mapuche.
Pero acá en Chile es mucho más difundida y valorada la tradición de la Isla grande de Chiloé.
Te cuento. Yo fui profesor durante 45 años, 41 de ellos en la zona rural y en comunidades mapuches.
 
EL ANCHIMALYEN


“Voy a contar esta historia

ahora que vaciamos el plato

sobre el Santos Carcamán,

el hermano del Carcato.


Entre historias e historias

del Santos Carcamán se decía

que, dentro de su propia casa

al Anchimalyén escondía.


Era el Anchimalyén

casi un espíritu humano

construido sobre la vida

de algún hijo o un hermano.


Cuando era pequeña guagüita

en un cántaro se encerraba

y allí pasaba su vida,

con sangre se le alimentaba.


Y, de la sangre, él obtenía

el alimento que necesitaba

con todo lo nutritivo

que esa sangre acarreaba.


Iba adoptando la forma

del envase que lo contenía

y no podía liberarse

por más empeño que hacía.


Un principal de la familia

tomaba esa decisión

y así condenaba a un cristiano

a vivir en menuda prisión.


Y nada de eso que se hacía

que fuera por pura maldad

pues, tener un anchimalyén

traía riqueza y prosperidad.


Respecto del Santos Carcamán,

su padre se lo había heredado.

Para cuando comienza esta historia

se le había sublevado.


Amenazaba con atacarlo,

pasaba los días llorando,

cada día pedía más sangre

y ya no estaba quedando.


Ya se estaba haciendo imposible

guardado en secreto mantenerlo

era sólo cuestión de tiempo

para que alguien pudiera verlo.


Y la tradición les decía

que eso no podía ocurrir

pues, si alguien lo descubría,

el dueño debía morir”.


Esta historia contó mi padre

a la orilla del fogón

recién que habíamos almorzado

lo recuerdo con precisión.


Quien pasara frente a su casa

fueran desconocidos o amigos

una luz estaba siempre encendida

de eso todos somos testigos.


Su dormitorio frente a camino

con la luz siempre encendida

con una ventana abierta

el hombre cuidaba su vida.


Bertoldo Herrera Gitterman




Muy bien logrado, felicidades es lo mejor que he leído en semanas, es digno del foro y tan real que me da miedo.
Un honor haber pasado. Saludos desde mi turbio lago.
 
Muy bien logrado, felicidades es lo mejor que he leído en semanas, es digno del foro y tan real que me da miedo.
Un honor haber pasado. Saludos desde mi turbio lago.

Hola nesbith.
Está muy amable tu comentario. Me siento orgulloso que venga dirigido a mí. Muchísimas gracias.
Y la recomendación que se me ocurre darte es que leas algún otro poema mío (Jejejejej)
Buen fin de semana. éxito.
 

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