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He alcanzado a acariciar el misterio
quebrado en el intermitente cielo,
a rasgar las cortinas nubladas del alba
sin más bagaje que el amor del corazón,
ser una promesa vaga en la necesidad
cuando la vida y la muerte te reclaman.
No quiero ser parte de ninguna vida,
tan solo quiero renacer de la melancolía
en esta noche con una atmosfera tóxica
y escuchar esas palabras que te otorgué
para no dañar aquel mosaico celestial
y en sus hendiduras las letras del amor,
pero aún así quiero pintar todos los pétalos
que realzan tu vestido de los domingos,
porque el amor es como hilo interminable,
cose las heridas y remienda las palabras
en la tela ajada de un universo impasible.
He alcanzado el misterio del recuerdo,
las voces felices con su propia melodía,
pero siento que este mundo con su mosaico
cae de su caos y me lleva a la deriva,
y mirando atrás mis pasos se difuminan
entre las dunas inabarcables del desierto
en una soledad que hoy es mi tesoro,
un territorio solo para desconocidos labios,
porque aquí no hay amigos tras el cristal,
ni el aliento sereno entre páginas escritas,
solo hay una canción que en la soledad
y en la desnudez se recrea y se baila
sin más testigos que el mar apagado,
y la silueta débil de un pequeño mundo
donde no hay reyes ni febriles religiones.
Intento interpretar el atlas de tu cuerpo
en la esfera de un ondulante camino,
dibujar los latidos del olvido en la tela fría
por la cual matan los héroes del verbo,
no soy capaz de adornar el dolor del ahora
si debo sufrir con todas esas imágenes,
con las que me amaron y amé y hoy no están.
Mis dedos repiquetean al son de sus voces,
pero detrás de las cortinas está la noche
y los gatos maúllan por su parte de comida
mas no tengo nada para saciar su hambre,
no sé como decirles que la vida se acaba,
termina entre los cristales de un escaparate
donde toda la ropa se vende rebajada,
y el amor, esa exaltación que abatía el alma,
que ruborizaba los latidos del corazón,
esta noche entre las cortinas y los cristales fríos
quiere ser un pequeño mosaico inacabado
de letras heridas y palabras incoherentes
que intentan dibujar los esbozos de tu nombre.
He alcanzado a acariciar el misterio
quebrado en el intermitente cielo,
a rasgar las cortinas nubladas del alba
sin más bagaje que el amor del corazón,
ser una promesa vaga en la necesidad
cuando la vida y la muerte te reclaman.
No quiero ser parte de ninguna vida,
tan solo quiero renacer de la melancolía
en esta noche con una atmosfera tóxica
y escuchar esas palabras que te otorgué
para no dañar aquel mosaico celestial
y en sus hendiduras las letras del amor,
por aún así quiero pintar todos los pétalos
que realzan tu vestido de los domingos,
porque el amor es como hilo interminable,
cose las heridas y remienda las palabras
en la tela ajada de un universo impasible.
He alcanzado el misterio del recuerdo,
las voces felices con su propia melodía,
pero siento que este mundo con su mosaico
cae de su caos y me lleva a la deriva,
y mirando atrás mis pasos se difuminan
entre las dunas inabarcables del desierto
en una soledad que hoy es mi tesoro,
un territorio solo para desconocidos labios,
porque aquí no hay amigos tras el cristal,
ni el aliento sereno entre páginas escritas,
solo hay una canción que en la soledad
y en la desnudez se recrea y se baila
sin más testigos que el mar apagado,
y la silueta débil de un pequeño mundo
donde no hay reyes ni febriles religiones.
Intento interpretar el atlas de tu cuerpo
en la esfera de un ondulante camino,
dibujar los latidos del olvido en la tela fría
por la cual matan los héroes del verbo,
no soy capaz de adornar el dolor del ahora
si debo sufrir con todas esas imágenes,
con las que me amaron y amé y hoy no están.
Mis dedos repiquetean al son de sus voces,
pero detrás de las cortinas está la noche
y los gatos maúllan por su parte de comida
mas no tengo nada para saciar su hambre,
no sé como decirles que la vida se acaba,
termina entre los cristales de un escaparate
donde toda la ropa se vende rebajada,
y el amor, esa exaltación que abatía el alma,
que ruborizaba los latidos del corazón,
esta noche entre las cortinas y los cristales fríos
quiere ser un pequeño mosaico inacabado
de letras heridas y palabras incoherentes
que intentan dibujar los esbozos de tu nombre.