Forgetfulness
Poeta recién llegado
¿Qué le debería dedicar a los escapistas?
Le tienen miedo al realismo, al escultismo,
honraría tener potestad ante la validación en otros
pero soy el mismo debilucho, el mismo añico
de la antigua estatua divina que veneraban de antaño...
me erosioné de cuantos ríos habrán deslizado en el pedrusco,
odio refugiarme junto a mi amigo el escapismo
pero los exiliados somos engentados a postrarnos.
No me digas otra mentira que el cubismo me cautiva
a convertirme en un descubrimiento anticuado;
no me digas otra caballería que mis grietas arriban
como la luna a eclipsarme sin descanso,
cargan consigo mosquetes y puñales, se preparan
para reabrirme con tal de reconstruirme desde el origen.
PETRIFICADO, mi destino ha sido sellado,
eras el elegido para la maldición haber corrompido,
escapaste y no te culpo, también lo haría intimidado
si esnifara el fragor que desde vidas pasadas he despilfarrado…
Mi cara se volvía una gárgola petrificándose...
las grietas desgastadas, derrumbándose;
presenciaste la creación de la octava maravilla del mundo
¿Deberías mantenerlo así o desquebrajarlo?
De tu insonora melodía, solo sale silencio mudo,
oh mi amado perpetuo, ¿Cómo debería agrietarme?
Podrías hacerlo con un cerillo, pero nada parece inquietarme,
podrías hacerlo con el chillido arremetiendo mis cuerdas para embrujarme:
PETRIFICADO,
ESTOY CONDENADO.
Los recurridos roles,
los juegos en la cama por docenas de noches,
el inamovible, tu maniquí de arrogancia
por adherirme a un plano de impulsos mortales.
Ahí estaba, congelado; tú la velocidad imparable,
tenía la decisión entre exclamar misericordia
o dejar que me reconstruyas mis defectos de dios griego aborrecible.
El poder de reescribirme en leyendas paganas,
en estantes empolvarme hasta que tu nombre se deletree
con el pasar de mis grietas irse expandiendo...
ojalá te persigan en tus pesadillas los alaridos al detenerte,
las redes de las creaciones se iban distanciando,
el raciocinio se estaba desarmando.
No dices nada, no me pides nada;
“Vaya estatua pesada de mirada”.
Mis alientos se convierten en detrimento,
mientras se intrigaban berridos en las telarañas
que se me colgaban como enredaderas,
muchos de ellos se exasperaban a ser desenredados,
pedíamos movimiento, acción de por medio;
sentía el aire pegarme, hacerme oxigenar consciencia,
me gritaban los vendavales que era la fresca descendencia;
observar el mundo moverse y yo siendo inerte;
atestiguar como se escapaba y yo ciego e ignorante.
con su pasar lento y tan ligero me dio más enseñanzas
que las experiencias que me arañaron varias artimañas.
La vida era esplendida,
se la ofrecí a un escapista.
Me decían que armara un mejor vistazo
con las migajas que se desprendieron del flechazo,
ingenuos comparecientes; promesas resquebrájales.
Hubieran visto mi periodo de peor carácter,
con el trato magistral que hice para retener
a quienes me habían llamado un esquizofrénico:
él me posaba la mano en el hombro, maldito maniaco,
juraría verlo aumentar su fuerza, interponiendo territorio,
total: una estatua sin autor se vuelve un tesoro ignorado.
PETRIFICADO, me ha desconocido,
El mundo se detuvo cuando me dijo “¡arrivederci!”,
Las moscas se posaban en mis grietas
y de su último acto del ruin triunfado...
me ha desquebrajado:
PETRIFICADO,
HE COLAPSADO.
Le tienen miedo al realismo, al escultismo,
honraría tener potestad ante la validación en otros
pero soy el mismo debilucho, el mismo añico
de la antigua estatua divina que veneraban de antaño...
me erosioné de cuantos ríos habrán deslizado en el pedrusco,
odio refugiarme junto a mi amigo el escapismo
pero los exiliados somos engentados a postrarnos.
No me digas otra mentira que el cubismo me cautiva
a convertirme en un descubrimiento anticuado;
no me digas otra caballería que mis grietas arriban
como la luna a eclipsarme sin descanso,
cargan consigo mosquetes y puñales, se preparan
para reabrirme con tal de reconstruirme desde el origen.
PETRIFICADO, mi destino ha sido sellado,
eras el elegido para la maldición haber corrompido,
escapaste y no te culpo, también lo haría intimidado
si esnifara el fragor que desde vidas pasadas he despilfarrado…
Mi cara se volvía una gárgola petrificándose...
las grietas desgastadas, derrumbándose;
presenciaste la creación de la octava maravilla del mundo
¿Deberías mantenerlo así o desquebrajarlo?
De tu insonora melodía, solo sale silencio mudo,
oh mi amado perpetuo, ¿Cómo debería agrietarme?
Podrías hacerlo con un cerillo, pero nada parece inquietarme,
podrías hacerlo con el chillido arremetiendo mis cuerdas para embrujarme:
PETRIFICADO,
ESTOY CONDENADO.
Los recurridos roles,
los juegos en la cama por docenas de noches,
el inamovible, tu maniquí de arrogancia
por adherirme a un plano de impulsos mortales.
Ahí estaba, congelado; tú la velocidad imparable,
tenía la decisión entre exclamar misericordia
o dejar que me reconstruyas mis defectos de dios griego aborrecible.
El poder de reescribirme en leyendas paganas,
en estantes empolvarme hasta que tu nombre se deletree
con el pasar de mis grietas irse expandiendo...
ojalá te persigan en tus pesadillas los alaridos al detenerte,
las redes de las creaciones se iban distanciando,
el raciocinio se estaba desarmando.
No dices nada, no me pides nada;
“Vaya estatua pesada de mirada”.
Mis alientos se convierten en detrimento,
mientras se intrigaban berridos en las telarañas
que se me colgaban como enredaderas,
muchos de ellos se exasperaban a ser desenredados,
pedíamos movimiento, acción de por medio;
sentía el aire pegarme, hacerme oxigenar consciencia,
me gritaban los vendavales que era la fresca descendencia;
observar el mundo moverse y yo siendo inerte;
atestiguar como se escapaba y yo ciego e ignorante.
con su pasar lento y tan ligero me dio más enseñanzas
que las experiencias que me arañaron varias artimañas.
La vida era esplendida,
se la ofrecí a un escapista.
Me decían que armara un mejor vistazo
con las migajas que se desprendieron del flechazo,
ingenuos comparecientes; promesas resquebrájales.
Hubieran visto mi periodo de peor carácter,
con el trato magistral que hice para retener
a quienes me habían llamado un esquizofrénico:
él me posaba la mano en el hombro, maldito maniaco,
juraría verlo aumentar su fuerza, interponiendo territorio,
total: una estatua sin autor se vuelve un tesoro ignorado.
PETRIFICADO, me ha desconocido,
El mundo se detuvo cuando me dijo “¡arrivederci!”,
Las moscas se posaban en mis grietas
y de su último acto del ruin triunfado...
me ha desquebrajado:
PETRIFICADO,
HE COLAPSADO.