Extravagante
Poeta recién llegado
Crujen las tablas del suelo gastado,
una sinfonía de ruidos torpes
que no encuentran su ritmo.
Un pie avanza; el otro, titubea.
El eco resuena hueco,
como si la casa quisiera hablar
pero no supiera cómo.
Paso firme,
paso débil.
El suelo cuenta historias de caídas,
de danzas que nunca terminaron.
La vida no siempre es un compás
que se sigue sin vacilar.
A veces, los pies se pierden,
choque de ritmos,
discordancia necesaria
para no sucumbir al
monótono sonsonete de lo políticamente correcto.
Porque en el vaivén irregular
se encuentran los trazos humanos,
los titubeos que nos hacen reales.
Paso apresurado,
como si huir fuera la respuesta.
Paso lento,
como si arrastrar los días
fuera menos mortal que enfrentarlos.
Y entre ambos,
la discordancia se convierte en melodía,
un poema que el suelo no puede ignorar.
Los pasos discordantes
no llevan siempre a un destino,
pero trazan senderos en el caos,
recordándonos que caminar,
aunque sea en falso,
es más humano que quedarse quieto.
una sinfonía de ruidos torpes
que no encuentran su ritmo.
Un pie avanza; el otro, titubea.
El eco resuena hueco,
como si la casa quisiera hablar
pero no supiera cómo.
Paso firme,
paso débil.
El suelo cuenta historias de caídas,
de danzas que nunca terminaron.
La vida no siempre es un compás
que se sigue sin vacilar.
A veces, los pies se pierden,
choque de ritmos,
discordancia necesaria
para no sucumbir al
monótono sonsonete de lo políticamente correcto.
Porque en el vaivén irregular
se encuentran los trazos humanos,
los titubeos que nos hacen reales.
Paso apresurado,
como si huir fuera la respuesta.
Paso lento,
como si arrastrar los días
fuera menos mortal que enfrentarlos.
Y entre ambos,
la discordancia se convierte en melodía,
un poema que el suelo no puede ignorar.
Los pasos discordantes
no llevan siempre a un destino,
pero trazan senderos en el caos,
recordándonos que caminar,
aunque sea en falso,
es más humano que quedarse quieto.