Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Miércoles sin ceniza, día suspendido en el filo de un pestañeo. Los relojes caminan con pasos de hormiga, dejando tras de sí un rastro de horas descoloridas. No es un miércoles cualquiera, es un miércoles que ha olvidado ser miércoles, que se disfraza de jueves por un capricho del calendario o del viento que sopla de costado.
No hay ceniza porque no hay llamas que recordar, solo el eco de brasas que nunca llegaron a encenderse. Tú, jugando con las palabras como si fueran canicas, yo, construyendo torres de aire con las promesas que nunca quisimos cumplir. Un miércoles sin ceniza es un puente a medio construir, donde los pasos no llegan al otro lado porque siempre hay un vacío que se cuela entre los pies.
La luz cae oblicua, manchando las paredes con sombras que inventan formas y gestos. Nos sentamos a mirar el día pasar, como quien mira una cinta de cine en blanco y negro, sabiendo que no hay final feliz porque el final es apenas una pausa antes del próximo miércoles sin ceniza.
Y así, entre pausas y silencios, se nos va el día. Nos va quedando el sabor de lo no dicho, el peso de lo no hecho, y la certeza de que este miércoles, como todos los otros, se perderá entre las páginas de un libro que nunca escribimos.
No hay ceniza porque no hay llamas que recordar, solo el eco de brasas que nunca llegaron a encenderse. Tú, jugando con las palabras como si fueran canicas, yo, construyendo torres de aire con las promesas que nunca quisimos cumplir. Un miércoles sin ceniza es un puente a medio construir, donde los pasos no llegan al otro lado porque siempre hay un vacío que se cuela entre los pies.
La luz cae oblicua, manchando las paredes con sombras que inventan formas y gestos. Nos sentamos a mirar el día pasar, como quien mira una cinta de cine en blanco y negro, sabiendo que no hay final feliz porque el final es apenas una pausa antes del próximo miércoles sin ceniza.
Y así, entre pausas y silencios, se nos va el día. Nos va quedando el sabor de lo no dicho, el peso de lo no hecho, y la certeza de que este miércoles, como todos los otros, se perderá entre las páginas de un libro que nunca escribimos.