Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Aléjate de mí, febrero, me devora tu apetito de abismo.
Recuérdame, T-Bone, los lunes tormentosos,
la lluvia tan monótona entre relámpagos de acero puro.
No es del amor de lo que me estoy doliendo,
es solo de su equipaje con el que cargo
desde hace ya demasiado tiempo.
Soy un viejo soldado acostumbrado al paso de la derrota.
Escucho en las noches como sube el nivel del agua,
el corazón se detiene sin que haya quien le despierte
y es, entonces, que el alcohol va trenzando
las largas horas de mi sed.
No queda una fecha que sea de mi edad,
ni cigarrillos para después del sexo.
Solo el deseo permanece, aún ardiendo tan mudo,
y tu cuerpo desnudo es la presa.
En tus ojos se refleja la selva impenetrable de mi muerte
y el odio de todo lo que duele y que algún día amé.
Esta larga noche de insomnio, sabe, por el frío de mis manos,
que oculto algún cadáver.
Recuérdame, T-Bone, los lunes tormentosos,
la lluvia tan monótona entre relámpagos de acero puro.
No es del amor de lo que me estoy doliendo,
es solo de su equipaje con el que cargo
desde hace ya demasiado tiempo.
Soy un viejo soldado acostumbrado al paso de la derrota.
Escucho en las noches como sube el nivel del agua,
el corazón se detiene sin que haya quien le despierte
y es, entonces, que el alcohol va trenzando
las largas horas de mi sed.
No queda una fecha que sea de mi edad,
ni cigarrillos para después del sexo.
Solo el deseo permanece, aún ardiendo tan mudo,
y tu cuerpo desnudo es la presa.
En tus ojos se refleja la selva impenetrable de mi muerte
y el odio de todo lo que duele y que algún día amé.
Esta larga noche de insomnio, sabe, por el frío de mis manos,
que oculto algún cadáver.