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Ni antes ni después

Hiba

Poeta recién llegado
Si me hubiese despertado en el segundo exacto.
Si tan sólo hubiese aplicado la misma precisión
que tienen las cosas que me persiguen despierta o dormida,
pero me quedé pegada en el segundo previo.
Me llené de Mañana y su prolongada tranquilidad.
Penosa consecuencia la mía.
Cualquiera en mi lugar quizá habría exagerado
la forma en la que se ve la normalidad.
No es un reproche; mejor dicho, es la voz aullante que no me deja.
Necesito creer que aquel segundo hace rato me había escogido.
Y no lo digo para negar que probablemente aún no despierto,
es que, de ese modo, la insistencia con la que se filtra el lamento
se vuelve menos impresionante.
 
Última edición:
Si me hubiese despertado en el segundo exacto.
Si tan sólo hubiese aplicado la misma precisión
que tienen las cosas que me persiguen despierta o dormida,
pero me quedé pegada en el segundo previo.
Me llené de Mañana y su prolongada tranquilidad.
Penosa consecuencia la mía.
Cualquiera en mi lugar quizá habría exagerado
la forma con la que se ve la normalidad.
No es un reproche; mejor dicho, es la voz aullante que no me deja.
Necesito creer que aquel segundo hace rato me había escogido,
y no lo digo para negar que seguramente aún no despierto,
es que, de ese modo, la insistencia con la que se filtra el lamento
se vuelve menos impresionante.
Se vale el pesar y el cantar de algo que sentimos verdadero e intenso.

Saludos
 
Dijo una vez el inefable Carlitos Balá (sí, el cómico): "si el tiempo es tirano, ¿porqué no lo derrocan?"
Perdón por la humorada. Pero a veces viene a mi mente, y ahora vino con tu poema, aquella idea: ¿y si fuera posible derrocarlo?
Gracias por esos versos; me han hecho pensar (lo que no siempre sucede).
Un cordial saludo desde el sur.

Lisandro
 
Si me hubiese despertado en el segundo exacto.
Si tan sólo hubiese aplicado la misma precisión
que tienen las cosas que me persiguen despierta o dormida,
pero me quedé pegada en el segundo previo.
Me llené de Mañana y su prolongada tranquilidad.
Penosa consecuencia la mía.
Cualquiera en mi lugar quizá habría exagerado
la forma en la que se ve la normalidad.
No es un reproche; mejor dicho, es la voz aullante que no me deja.
Necesito creer que aquel segundo hace rato me había escogido.
Y no lo digo para negar que probablemente aún no despierto,
es que, de ese modo, la insistencia con la que se filtra el lamento
se vuelve menos impresionante.
Llenarse de esa Mañana más a menudo,
ya que la insistencia del lamento parece inevitable.
Percibo una insinuación del budismo en el título: Ni antes ni después.

Un gusto pasar.
 

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