Hiba
Poeta recién llegado
Si me hubiese despertado en el segundo exacto.
Si tan sólo hubiese aplicado la misma precisión
que tienen las cosas que me persiguen despierta o dormida,
pero me quedé pegada en el segundo previo.
Me llené de Mañana y su prolongada tranquilidad.
Penosa consecuencia la mía.
Cualquiera en mi lugar quizá habría exagerado
la forma en la que se ve la normalidad.
No es un reproche; mejor dicho, es la voz aullante que no me deja.
Necesito creer que aquel segundo hace rato me había escogido.
Y no lo digo para negar que probablemente aún no despierto,
es que, de ese modo, la insistencia con la que se filtra el lamento
se vuelve menos impresionante.
Si tan sólo hubiese aplicado la misma precisión
que tienen las cosas que me persiguen despierta o dormida,
pero me quedé pegada en el segundo previo.
Me llené de Mañana y su prolongada tranquilidad.
Penosa consecuencia la mía.
Cualquiera en mi lugar quizá habría exagerado
la forma en la que se ve la normalidad.
No es un reproche; mejor dicho, es la voz aullante que no me deja.
Necesito creer que aquel segundo hace rato me había escogido.
Y no lo digo para negar que probablemente aún no despierto,
es que, de ese modo, la insistencia con la que se filtra el lamento
se vuelve menos impresionante.
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