Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Solamente un pobre hombre,
un hombre oscuro,
como tantos que recorren las calles,
buscando las sombras,
los rincones sin luz.
Un pobre hombre que camina con pereza,
con esa dificultad que proviene del alma,
como un cansancio de cargar con la vida,
de pelear con distintas perspectivas
que ofrece el día a día.
Pobre hombre despojado de sonrisas,
de caricias, de los abrazos fraternales,
de aquellas miradas llenas de compasión que,
en ocasiones, le bañaban el alma.
Soledad de frías tardes,
de noches sin estrellas,
de árboles sin frutos,
de campos sin espigas.
Soledad acompañada
de los propios pensamientos,
de ese saber que se está solo,
de la ausencia de aquellos
a quienes pudiese llegar a conocer.
Hombre solo, desconocido, conversador en un mundo de sordos,
paleta de colores en un mundo de ciegos.
Solitario que camina senderos perdidos
y escucha gorjeo de aves desaparecidas.
Dolor de hombre que se siente poeta.
un hombre oscuro,
como tantos que recorren las calles,
buscando las sombras,
los rincones sin luz.
Un pobre hombre que camina con pereza,
con esa dificultad que proviene del alma,
como un cansancio de cargar con la vida,
de pelear con distintas perspectivas
que ofrece el día a día.
Pobre hombre despojado de sonrisas,
de caricias, de los abrazos fraternales,
de aquellas miradas llenas de compasión que,
en ocasiones, le bañaban el alma.
Soledad de frías tardes,
de noches sin estrellas,
de árboles sin frutos,
de campos sin espigas.
Soledad acompañada
de los propios pensamientos,
de ese saber que se está solo,
de la ausencia de aquellos
a quienes pudiese llegar a conocer.
Hombre solo, desconocido, conversador en un mundo de sordos,
paleta de colores en un mundo de ciegos.
Solitario que camina senderos perdidos
y escucha gorjeo de aves desaparecidas.
Dolor de hombre que se siente poeta.
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