Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
(o de cómo evitar la plaga de los pronombres enamorados)
No quiero escribir de amor, porque el amor ya fue ocupado por todos los adjetivos vencidos. Está en huelga, el pobre. Saturado de metáforas oxidadas que le dejaron los poetas como si fueran migajas después del banquete.
Prefiero escribir del polvo que se posa sobre las palabras que nunca dije, del temblor que deja una taza vacía en la mesa, del reloj que hace tic sin toc porque alguien le robó el corazón de cuerda.
Hoy no quiero escribir de amor.
Quiero escribir de esa mancha en la pared que parece un continente olvidado,
del agujero que deja un alfiler cuando se arrepiente de sostener recuerdos.
Quiero hablar del bostezo del mundo cuando nadie lo está mirando,
de la lluvia que no cae pero se anuncia en los huesos como un rumor ancestral.
No me hablen de amor.
Ya lo usaron.
Ya lo gastaron.
Ya lo empaquetaron en papel celofán con cintas que dicen "para siempre" y "con cariño".
Escribiré, entonces, sobre el silencio que hacen las sillas vacías,
el idioma secreto de las cucarachas,
el abecedario de las sombras,
las vocales que gimen cuando las dejan solas.
Porque el amor no es tema, es excusa.
Y hoy, la excusa no me sirve.
No quiero escribir de amor, porque el amor ya fue ocupado por todos los adjetivos vencidos. Está en huelga, el pobre. Saturado de metáforas oxidadas que le dejaron los poetas como si fueran migajas después del banquete.
Prefiero escribir del polvo que se posa sobre las palabras que nunca dije, del temblor que deja una taza vacía en la mesa, del reloj que hace tic sin toc porque alguien le robó el corazón de cuerda.
Hoy no quiero escribir de amor.
Quiero escribir de esa mancha en la pared que parece un continente olvidado,
del agujero que deja un alfiler cuando se arrepiente de sostener recuerdos.
Quiero hablar del bostezo del mundo cuando nadie lo está mirando,
de la lluvia que no cae pero se anuncia en los huesos como un rumor ancestral.
No me hablen de amor.
Ya lo usaron.
Ya lo gastaron.
Ya lo empaquetaron en papel celofán con cintas que dicen "para siempre" y "con cariño".
Escribiré, entonces, sobre el silencio que hacen las sillas vacías,
el idioma secreto de las cucarachas,
el abecedario de las sombras,
las vocales que gimen cuando las dejan solas.
Porque el amor no es tema, es excusa.
Y hoy, la excusa no me sirve.