Zulma Martínez
Mar azul...
De la luz, las primeras motas,
rayo a rayo destrozan la noche.
Con rapidez despiadada,
los instantes la despojan de sus sueños,
desintegran la inexplorada
dimensión de sus sombras,
derriban los muros
de su idílica obsesión por ser eterna.
Estalla el misterio; se enciende la fragua:
el día es una sola llama,
una insolente sumatoria
de destellos desmadrados,
de nubes esparcidas en mechones,
de aves dispersas en un cielo sosegado.
Mas, la noche no se rinde, no claudica.
Esperanzada, intuye el ocaso,
el final de tanto camino iluminado.
Entre suspiros de brisa,
con sus manos de ébano
recoge lo que resta de sus oscuros velos,
deshace las constelaciones,
desafía insospechados derroteros,
reniega de su inminente finitud,
despliega sus alas, emprende la partida,
se promete volver.
rayo a rayo destrozan la noche.
Con rapidez despiadada,
los instantes la despojan de sus sueños,
desintegran la inexplorada
dimensión de sus sombras,
derriban los muros
de su idílica obsesión por ser eterna.
Estalla el misterio; se enciende la fragua:
el día es una sola llama,
una insolente sumatoria
de destellos desmadrados,
de nubes esparcidas en mechones,
de aves dispersas en un cielo sosegado.
Mas, la noche no se rinde, no claudica.
Esperanzada, intuye el ocaso,
el final de tanto camino iluminado.
Entre suspiros de brisa,
con sus manos de ébano
recoge lo que resta de sus oscuros velos,
deshace las constelaciones,
desafía insospechados derroteros,
reniega de su inminente finitud,
despliega sus alas, emprende la partida,
se promete volver.