El Umbral

Kein Williams

Poeta fiel al portal
Era la noche sin fin, donde el tiempo se quiebra,
y en silencio sus garras en el alma celebran,
hallé un vetusto umbral, de obsidiana tallado,
por eones ignotos y horror sepultado.

Bajo un cielo de plomo, que en su peso gemía,
la puerta sin nombre su secreto escondía.
Con mano temblorosa, que el pavor consumía,
toqué su faz helada, y un susurro sentía.

¡Oh, voz de los abismos, que con lengua profana,
es un canto de sombras, de una estirpe arcana,
que en mi pecho vertía su saber prohibido,
un saber que la mente tornaba en su olvido!

El umbral se entreabrió, y un aliento malsano,
como hálito de tumba, me rozó con su mano.
Vi ojos sin pupilas, que en la nada se alzaban,
y formas sin contorno, que en su danza giraban.

¡Entes de la negrura, que la luz no ha tocado!
Sus cuerpos, si eran cuerpos, en lo informe nadaban,
y su risa, un murmullo de universos quebrados,
me arrastró a su vacío, de razón despojado.

Mi alma, en su delirio, vio el confín de lo eterno,
donde el tiempo es ceniza y el espacio un averno.
Y en mi carne grabaron su verdad corrompida,
que la vida es un eco de su noche perdida.

Hui, mas no escapé, pues su marca me sigue,
en mis sueños su sombra mi cordura persigue.
Oh, mortal que esto lees, no indagues lo arcano,
pues tras el umbral yace lo que mata lo humano.
 
Era la noche sin fin, donde el tiempo se quiebra,
y en silencio sus garras en el alma celebran,
hallé un vetusto umbral, de obsidiana tallado,
por eones ignotos y horror sepultado.

Bajo un cielo de plomo, que en su peso gemía,
la puerta sin nombre su secreto escondía.
Con mano temblorosa, que el pavor consumía,
toqué su faz helada, y un susurro sentía.

¡Oh, voz de los abismos, que con lengua profana,
es un canto de sombras, de una estirpe arcana,
que en mi pecho vertía su saber prohibido,
un saber que la mente tornaba en su olvido!

El umbral se entreabrió, y un aliento malsano,
como hálito de tumba, me rozó con su mano.
Vi ojos sin pupilas, que en la nada se alzaban,
y formas sin contorno, que en su danza giraban.

¡Entes de la negrura, que la luz no ha tocado!
Sus cuerpos, si eran cuerpos, en lo informe nadaban,
y su risa, un murmullo de universos quebrados,
me arrastró a su vacío, de razón despojado.

Mi alma, en su delirio, vio el confín de lo eterno,
donde el tiempo es ceniza y el espacio un averno.
Y en mi carne grabaron su verdad corrompida,
que la vida es un eco de su noche perdida.

Hui, mas no escapé, pues su marca me sigue,
en mis sueños su sombra mi cordura persigue.
Oh, mortal que esto lees, no indagues lo arcano,
pues tras el umbral yace lo que mata lo humano.
La experiencia deja una marca indeleble.
Hay algunas verdades que son mejor no indagarlas.

Saludos
 

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