Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Aprendí a olvidarte despacito…
como se le olvida al cuerpo el aroma del mar cuando vive demasiado lejos de la costa.
No fue olvido, fue erosión:
una lluvia fina cayendo,
día tras día,
sobre la piedra exacta de tu nombre.
Olvidarte no fue arrancarte.
Fue dejarte secar en mí como ropa colgada en un patio sin sol.
Fuiste evaporándote,
con la lentitud precisa
de quien se va sin moverse,
de quien se queda sin quedarse.
Aprendí a olvidarte despacito,
como se olvida un idioma
pero aún se sueña en él.
Tu voz, a veces,
llega en forma de eco,
no como grito,
sino como ese murmullo detrás de las cosas
que no sabemos nombrar.
Fui borrando tus sílabas
como se borra un poema sin tacharlo:
dejando que otras palabras lo vayan cubriendo
como hojarasca nueva sobre un sendero viejo.
Despacito, sí.
Sin rabia.
Sin gritarte el adiós.
Solo permitiendo
que el tiempo me llenara de otras ausencias
que no sabían tu nombre.
Y ahora que ya no dueles,
que eres apenas una curva en mi memoria,
puedo decirlo:
no fue olvido, fue metamorfosis.
Un olvido que no mata,
pero transforma.
Como quien aún recuerda
pero ya no regresa.
como se le olvida al cuerpo el aroma del mar cuando vive demasiado lejos de la costa.
No fue olvido, fue erosión:
una lluvia fina cayendo,
día tras día,
sobre la piedra exacta de tu nombre.
Olvidarte no fue arrancarte.
Fue dejarte secar en mí como ropa colgada en un patio sin sol.
Fuiste evaporándote,
con la lentitud precisa
de quien se va sin moverse,
de quien se queda sin quedarse.
Aprendí a olvidarte despacito,
como se olvida un idioma
pero aún se sueña en él.
Tu voz, a veces,
llega en forma de eco,
no como grito,
sino como ese murmullo detrás de las cosas
que no sabemos nombrar.
Fui borrando tus sílabas
como se borra un poema sin tacharlo:
dejando que otras palabras lo vayan cubriendo
como hojarasca nueva sobre un sendero viejo.
Despacito, sí.
Sin rabia.
Sin gritarte el adiós.
Solo permitiendo
que el tiempo me llenara de otras ausencias
que no sabían tu nombre.
Y ahora que ya no dueles,
que eres apenas una curva en mi memoria,
puedo decirlo:
no fue olvido, fue metamorfosis.
Un olvido que no mata,
pero transforma.
Como quien aún recuerda
pero ya no regresa.