Ya no recuerdas nombres ni estaciones,
se ha deshojado el árbol de tu mente,
vagan tus pasos, mudos, sin razones,
como hoja al viento, dócil, indiferente.
Te busco en la mirada, en el abrazo,
mas tu pupila flota en otro mar,
se ha vuelto frágil el antiguo lazo,
y el tiempo no se deja ya nombrar.
Fuiste torrente, madre, amante, guía,
forjaste en tu silencio la verdad,
pero hoy se va la luz que te encendía,
te envuelve el velo gris de la ansiedad.
Y sin embargo sigues siendo estrella,
aunque tu noche niegue el resplandor,
el alma brilla intacta y sigue bella
aunque naufrague el cauce del amor.
Tu gesto, aún dormido, nos enseña
que el ser perdura, aunque se borre el yo,
pues hay un fuego que jamás desdeña
el roce humano, el cálido “aquí estoy”.
Descansa, mente errante y dolorida,
serena va tu barca hacia el albor;
te honramos hoy, memoria suspendida,
por todo lo que fuiste… y eres, sin error.
se ha deshojado el árbol de tu mente,
vagan tus pasos, mudos, sin razones,
como hoja al viento, dócil, indiferente.
Te busco en la mirada, en el abrazo,
mas tu pupila flota en otro mar,
se ha vuelto frágil el antiguo lazo,
y el tiempo no se deja ya nombrar.
Fuiste torrente, madre, amante, guía,
forjaste en tu silencio la verdad,
pero hoy se va la luz que te encendía,
te envuelve el velo gris de la ansiedad.
Y sin embargo sigues siendo estrella,
aunque tu noche niegue el resplandor,
el alma brilla intacta y sigue bella
aunque naufrague el cauce del amor.
Tu gesto, aún dormido, nos enseña
que el ser perdura, aunque se borre el yo,
pues hay un fuego que jamás desdeña
el roce humano, el cálido “aquí estoy”.
Descansa, mente errante y dolorida,
serena va tu barca hacia el albor;
te honramos hoy, memoria suspendida,
por todo lo que fuiste… y eres, sin error.