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De nuevo Venecia

Pessoa

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DE NUEVO VENECIA

Regresé a Venecia el pasado otoño
Quería recuperar mi otro yo olvidado
en un espejo del palacio sumergido
Regresé a Venecia en una gota de lluvia
acunado por los estremecidos suspiros
de las cortesanas escapadas
de lujosas casas de lenocinio.

Regresé a Venecia con mi antifaz renovado
con mi capa de agua clara
con un clavicordio antiguo
partituras de fuego fatuo
y un albornoz de raso.

Busqué aquel mi otro yo olvidado
en un fragmento de espejo
confundido con el agua verdinegra.
Las góndolas voladoras me susurraban recuerdos
de las noches de amor ardientes que junto a ellas viví
y al reconocerme encendieron sus colores desvaídos.

“Buona sera, micer Michele”

Regresé de nuevo a Venecia
era a finales de otoño y ya los vidrios de Murano
empezaba a tiritar de frío
los ojos apagados de los mármoles iniciaron
su tristísimo llanto invernal
Ya han huído los amantes
refugiados en las íntimas oscuridades de la Giudeca
Ya no resuenan los ecos de los graznidos
de las últimas gaviotas.
Venecia es ya una ópera desgastada por el uso.

Lamidos sus pies por las aguas corrompidas
tan sólo los campanarios sonríen a la caída del sol
He regresado a Venecia una vez más
sin encontrar lo que busco
ese mi otro yo prisionero en un espejo deslustrado
Como las migas de pan del cuento
brillantes cuentas de vidrio señalan mi inútil camino.

Un denso manto de niebla
me impide ver el espejo en el que mi otro yo perdido
bebe absenta con Gustav von Aschenbach.

Nunca más regresaré a Venecia.
 
DE NUEVO VENECIA

Regresé a Venecia el pasado otoño
Quería recuperar mi otro yo olvidado
en un espejo del palacio sumergido
Regresé a Venecia en una gota de lluvia
acunado por los estremecidos suspiros
de las cortesanas escapadas
de lujosas casas de lenocinio.

Regresé a Venecia con mi antifaz renovado
con mi capa de agua clara
con un clavicordio antiguo
partituras de fuego fatuo
y un albornoz de raso.

Busqué aquel mi otro yo olvidado
en un fragmento de espejo
confundido con el agua verdinegra.
Las góndolas voladoras me susurraban recuerdos
de las noches de amor ardientes que junto a ellas viví
y al reconocerme encendieron sus colores desvaídos.

“Buona sera, micer Michele”

Regresé de nuevo a Venecia
era a finales de otoño y ya los vidrios de Murano
empezaba a tiritar de frío
los ojos apagados de los mármoles iniciaron
su tristísimo llanto invernal
Ya han huído los amantes
refugiados en las íntimas oscuridades de la Giudeca
Ya no resuenan los ecos de los graznidos
de las últimas gaviotas.
Venecia es ya una ópera desgastada por el uso.

Lamidos sus pies por las aguas corrompidas
tan sólo los campanarios sonríen a la caída del sol
He regresado a Venecia una vez más
sin encontrar lo que busco
ese mi otro yo prisionero en un espejo deslustrado
Como las migas de pan del cuento
brillantes cuentas de vidrio señalan mi inútil camino.

Un denso manto de niebla
me impide ver el espejo en el que mi otro yo perdido
bebe absenta con Gustav von Aschenbach.

Nunca más regresaré a Venecia.
A veces la nostalgia nos arropa y sentimos el deseo de recuperar fragmentos de nuestro pasado.

Saludos
 
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