José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Así, en el abrazo de nuestra verdad,
despojo la culpa que nos ha herido;
una lágrima, un perdón, la eternidad,
dos almas danzando, en paz, el olvido.
Habló el orgullo y se enjugó su llanto,
en sus ojos brillaba la sombra del dolor,
el eco de palabras, un canto de quebranto,
se alzó en el silencio, ahogando el amor.
Con voz de hierro, desafiante su canto,
esquivó los temores, la pena y el temor;
mas la verdad, oculta, como un viento con manto
se desliza sigilosa, rompiendo el albor.
La frase en mis labios expiró en el viento,
se esfuma un susurro, se quiebra el rincón,
un adiós sin duelo, un trago lento,
que se ahoga en el pecho, un vacío sin razón.
Oh, orgullo herido, vestido de oro,
me ofreciste tus alas, me robaste el sol,
pero al alzar el vuelo, y escapar del coro,
me dejaste en esta sombra, en este clamor.
Habló el orgullo, y se llevó el encanto,
la risa traviesa, el abrazo sincero,
y yo, como un náufrago, me agiganto
me aferro a lo que fui, a lo que ya no espero.
Así sigue el camino, entre risa y llanto,
del amor que se apaga, el fuego que ardió,
y en cada despedida, en cada desencanto,
se oye el eco de un alma que nunca olvidó.
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