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Reflexión 109

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Iniciar terminando,
terminando con fuerzas,

con ganas de morir naciendo,

iniciar en una nueva realidad,
con nuevas percepciones,
ninguna ley
podrá solventar
nuestro indetenible final,

sensaciones indescriptibles,
materia abstracta,

¿podrá el viento movilizar nuestra imaginación?

caemos flotando,

flotamos sintiendo,
que a cada suspiro
se nos desvanece el corazón,

intermitencia maldita,

queman los reflejos
de cielos viles,
de infiernos grises,

tiempos viscerales,
entre vientos colosos,
la apatía del amanecer
es noche clara,

tiempo que no se cuenta,
tiempo que no nos cuenta,
tiempo que no encuentra tiempo,
tiempo que ni es olvido,

olvido necesario,

recuerdos mutables,
hasta los horizontes se exilian,

soles que son sol camaleónico,
lunas que son luna mitómana,

nadie acepta todo destino terminal,

acumulamos deseos,
acumulamos recuerdos,
que se nos desangran como herida,
por siempre retenerlos,

final abrupto,
vacío interminable,

negamos la osadía,
por temor a perdernos,
a perder la felicidad que creemos nuestra,

negamos el pesimismo,
como si pudiéramos caer más hondo,

tratamos de asimilar la condena,
de siempre mantenernos atentos,
al peligro constante
que nos ahoga,
a pesar de respirar mirando al cielo,

todos sus ángeles son estatuas,
y los dioses están muertos,
y nuestros seres queridos,
olvidados,

aún así elegimos creer,

votamos a la vida, erróneamente,
para que la muerte nos enseñe
la permanencia
de la completa indiferencia,

para que la vida nos enseñe,
como hasta ella se rinde.









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Iniciar terminando,
terminando con fuerzas,

con ganas de morir naciendo,

iniciar en una nueva realidad,
con nuevas percepciones,
ninguna ley
podrá solventar
nuestro indetenible final,

sensaciones indescriptibles,
materia abstracta,

¿podrá el viento movilizar nuestra imaginación?

caemos flotando,

flotamos sintiendo,
que a cada suspiro
se nos desvanece el corazón,

intermitencia maldita,

queman los reflejos
de cielos viles,
de infiernos grises,

tiempos viscerales,
entre vientos colosos,
la apatía del amanecer
es noche clara,

tiempo que no se cuenta,
tiempo que no nos cuenta,
tiempo que no encuentra tiempo,
tiempo que ni es olvido,

olvido necesario,

recuerdos mutables,
hasta los horizontes se exilian,

soles que son sol camaleónico,
lunas que son luna mitómana,

nadie acepta todo destino terminal,

acumulamos deseos,
acumulamos recuerdos,
que se nos desangran como herida,
por siempre retenerlos,

final abrupto,
vacío interminable,

negamos la osadía,
por temor a perdernos,
a perder la felicidad que creemos nuestra,

negamos el pesimismo,
como si pudiéramos caer más hondo,

tratamos de asimilar la condena,
de siempre mantenernos atentos,
al peligro constante
que nos ahoga,
a pesar de respirar mirando al cielo,

todos sus ángeles son estatuas,
y los dioses están muertos,
y nuestros seres queridos,
olvidados,

aún así elegimos creer,

votamos a la vida, erróneamente,
para que la muerte nos enseñe
la permanencia
de la completa indiferencia,

para que la vida nos enseñe,
como hasta ella se rinde.









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La vida se desarrolla en un marco de incertidumbre, donde el sufrimiento y la belleza coexisten.
Es nuestro designio.

Saludos IgnotaIlusión
 
Este poema es un grito lúcido ante la fragilidad de la existencia y la inevitable rendición del ser humano ante el tiempo y la muerte. Iniciar implica morir a lo anterior, y vivir se convierte en un acto contradictorio: un renacer constante que, a su vez, nos arrastra hacia un final ineludible. Las emociones se tornan abstractas, el tiempo se descompone en fragmentos que ya no nos reconocen, y la realidad, llena de símbolos rotos como soles camaleónicos y lunas mentirosas, se presenta como un escenario de incertidumbre. Todo destino terminal es rechazado, y aún así, acumulamos recuerdos y deseos que, lejos de consolarnos, nos hieren al intentar retenerlos. Nos debatimos entre negar la desesperanza o rendirnos a ella, intentando mantenernos firmes ante una vida que también se cansa, que también se rinde. A pesar de todo, elegimos seguir creyendo —no por certeza, sino por necesidad— aunque sepamos que ni los ángeles nos miran, ni los dioses nos oyen, ni los nuestros nos recuerdan. Esta es la paradoja del vivir: una lucha por hallar sentido, incluso cuando el sentido ya se ha ido.


Saludos Cordiales
 

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