Soy la verdad en declive del mañana,
el verbo con racimos peregrinos,
la espada que defiende los destinos,
luchando a través de la ventana.
Un eco de ceniza me desgrana,
me arranca de los muros asesinos;
mas guardo en mí los cielos más divinos
aunque la duda en sombras se desgrana.
Y al borde de la herida sosteniendo,
sin miedo al precipicio que me nombra,
pues sé que en la caída me defiendo.
De fuego está tejida mi penumbra,
y aunque hacia la derrota me encomiendo,
renazco en cada línea que me alumbra.
el verbo con racimos peregrinos,
la espada que defiende los destinos,
luchando a través de la ventana.
Un eco de ceniza me desgrana,
me arranca de los muros asesinos;
mas guardo en mí los cielos más divinos
aunque la duda en sombras se desgrana.
Y al borde de la herida sosteniendo,
sin miedo al precipicio que me nombra,
pues sé que en la caída me defiendo.
De fuego está tejida mi penumbra,
y aunque hacia la derrota me encomiendo,
renazco en cada línea que me alumbra.
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