Ziler
Poeta recién llegado
Sentado en una banca rota, es el mejor instante para apreciar mis endechas escritas, que malgastan mis letras en un propósito funesto y sometido a mi voluntad.
Viendo a otro lado, repaso la locura infrecuente de ver lo macabro de sus ojos con una apariencia hermosa, que, como una obra de Friedrich, aprecio la melancolía pintada en los míos.
Su voz, un binarismo en mi conciencia que en su capricho disruptivo perfora mi tuétano hasta dejarlo con una locura sinestésica donde cada color diluye la acuarela de nuestro sino.
¡Qué largo me va a quedar el sepulcro! si mi epitafio es una epopeya fratricida donde hay un escritor con presunción de poeta, si mi batalla es una Queronea sin Alejandro, y mi triste Alejandría quedó quemada por los años.
Que me arrebaten mis aprensiones de ninfas en valles de sombras, porque si no, pasaré mezclando sus cuerpos con poemas demacrados y pretéritos. Solo una paleta de negros pintará mis podridas libretas, que son un óleo para mi inevitable castigo con el insignificante acervo de un arte inerte.
Viendo a otro lado, repaso la locura infrecuente de ver lo macabro de sus ojos con una apariencia hermosa, que, como una obra de Friedrich, aprecio la melancolía pintada en los míos.
Su voz, un binarismo en mi conciencia que en su capricho disruptivo perfora mi tuétano hasta dejarlo con una locura sinestésica donde cada color diluye la acuarela de nuestro sino.
¡Qué largo me va a quedar el sepulcro! si mi epitafio es una epopeya fratricida donde hay un escritor con presunción de poeta, si mi batalla es una Queronea sin Alejandro, y mi triste Alejandría quedó quemada por los años.
Que me arrebaten mis aprensiones de ninfas en valles de sombras, porque si no, pasaré mezclando sus cuerpos con poemas demacrados y pretéritos. Solo una paleta de negros pintará mis podridas libretas, que son un óleo para mi inevitable castigo con el insignificante acervo de un arte inerte.