No hago falta.
Siento que me alejo en cada saludo.
Ya no insistas. Cómo detesto
cuando me dicen quedáte con el vuelto
como quien te obliga a mirar a los ojos.
Decí que perdí el teléfono, la brújula, el tenor graso del decoro, la salud
mental, que después de la vacuna,
no sé,
un metal me quedó incrustado,
que morí
de un infarto, trabajando,
como el abuelo.
Que me fui del país, que me llevé
a Hassán, que solo dejé deudas.
Hacéme caso: no sirvo para nada.
Fijáte bien, ahí afuera, esos vagabundos: cómo toman mate
mientras desmenuzan,
sobre un viejo diario,
pacientemente su cosecha
de puntas de tabaco,
¡la pesca del día!
Desde mi ventana, la tarde
no es más prodigiosa. Lavé los platos,
doblé manteles, sacudí la alfombra
contra la palmera del fondo
y me tiré en el sofá
acaso a observar
con desdén aquel brillo
del pequeño imán que sostiene
el puto papelito en la heladera
(a modo de recado, recordatorio
o mera desdicha)
donde se lee:
- noviembre. cambio de aceite
- pastillitas de Hassán
- una novia para los sábados.
En serio, soy prescindible;
hacé que no me viste.
Siento que me alejo en cada saludo.
Ya no insistas. Cómo detesto
cuando me dicen quedáte con el vuelto
como quien te obliga a mirar a los ojos.
Decí que perdí el teléfono, la brújula, el tenor graso del decoro, la salud
mental, que después de la vacuna,
no sé,
un metal me quedó incrustado,
que morí
de un infarto, trabajando,
como el abuelo.
Que me fui del país, que me llevé
a Hassán, que solo dejé deudas.
Hacéme caso: no sirvo para nada.
Fijáte bien, ahí afuera, esos vagabundos: cómo toman mate
mientras desmenuzan,
sobre un viejo diario,
pacientemente su cosecha
de puntas de tabaco,
¡la pesca del día!
Desde mi ventana, la tarde
no es más prodigiosa. Lavé los platos,
doblé manteles, sacudí la alfombra
contra la palmera del fondo
y me tiré en el sofá
acaso a observar
con desdén aquel brillo
del pequeño imán que sostiene
el puto papelito en la heladera
(a modo de recado, recordatorio
o mera desdicha)
donde se lee:
- noviembre. cambio de aceite
- pastillitas de Hassán
- una novia para los sábados.
En serio, soy prescindible;
hacé que no me viste.
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