Guardo en el fondo oscuro de mi vida
una sentina llena de amores,
no los limpios, no los perfectos,
sino los que naufragaron sin aviso.
Amores rotos,
amores torcidos por el tiempo,
promesas oxidadas por la sal del miedo,
besos que no supieron quedarse.
Allí descansan,
mezclados con silencios,
con palabras que nunca dije
y con las que dije demasiado tarde.
No huelen a derrota,
huelen a verdad humana.
A ese amar como se puede,
no como se sueña.
Porque toda vida que ama
acumula su sentina:
el resto inevitable
de haber sentido con intensidad.
Y no la limpio.
No quiero.
Es prueba de que viví,
de que me hundí y seguí flotando,
de que amé sin saber nadar
y aun así aprendí del mar.
una sentina llena de amores,
no los limpios, no los perfectos,
sino los que naufragaron sin aviso.
Amores rotos,
amores torcidos por el tiempo,
promesas oxidadas por la sal del miedo,
besos que no supieron quedarse.
Allí descansan,
mezclados con silencios,
con palabras que nunca dije
y con las que dije demasiado tarde.
No huelen a derrota,
huelen a verdad humana.
A ese amar como se puede,
no como se sueña.
Porque toda vida que ama
acumula su sentina:
el resto inevitable
de haber sentido con intensidad.
Y no la limpio.
No quiero.
Es prueba de que viví,
de que me hundí y seguí flotando,
de que amé sin saber nadar
y aun así aprendí del mar.