poetakabik
Poeta veterano en el portal
En la noche despierta mi vigilia,
cuando el mundo se afloja y se disuelve,
no huyo: me quedo,
y miro cómo el miedo pierde forma.
Sé que sueño.
Y al saberlo, la herida se sienta a mi lado
sin pedir perdón ni castigo,
como un perro cansado de morder.
Camino por calles que fui
y no reclamo nada,
solo escucho
la respiración antigua del recuerdo.
Las sombras hablan sin amenaza,
ya no mandan,
ya no pesan:
son símbolos pidiendo ser abrazados.
Allí ensayo la paz
que luego llevaré despierto,
no para cambiar el mundo,
sino para no temblar ante él.
Porque el sueño lúcido no es huida,
es entrenamiento del alma:
aprender a estar presente
cuando incluso la realidad se vuelve niebla.
Y al amanecer comprendo
que no he solucionado nada,
pero algo en mí ya no lucha,
y eso —a veces— basta.
Si lo deseas, puedo:
cuando el mundo se afloja y se disuelve,
no huyo: me quedo,
y miro cómo el miedo pierde forma.
Sé que sueño.
Y al saberlo, la herida se sienta a mi lado
sin pedir perdón ni castigo,
como un perro cansado de morder.
Camino por calles que fui
y no reclamo nada,
solo escucho
la respiración antigua del recuerdo.
Las sombras hablan sin amenaza,
ya no mandan,
ya no pesan:
son símbolos pidiendo ser abrazados.
Allí ensayo la paz
que luego llevaré despierto,
no para cambiar el mundo,
sino para no temblar ante él.
Porque el sueño lúcido no es huida,
es entrenamiento del alma:
aprender a estar presente
cuando incluso la realidad se vuelve niebla.
Y al amanecer comprendo
que no he solucionado nada,
pero algo en mí ya no lucha,
y eso —a veces— basta.
Si lo deseas, puedo: