Calimero
Poeta recién llegado
Quiero darte esperanza
con mis manos temblorosas
una pequeña porción
tal vez demasiado frágil
para quien dispara
sin otra alternativa
que matar o morir o escribir con sangre en las paredes
el nombre de los desaparecidos.
Inocente
a salvo de nosotros
toma el queso Emmental
que si bien resulta ridículo
a los ojos del niño abandonado
abre brechas en la rabia
otros cráteres.
Disparamos porque nos hicimos mayores.
No importa si las balas son de acero o bruma.
Matamos igual.
Cuando la noche comprime sesos
y amenaza con estallar la tristeza
entonces salen de la luna
descienden con sigilo
—tú madre mi madre —
embalsaman los ojos al camello
aposentado junto a la guarnición
en una guerra absurda
guardando las lágrimas.
Amigo
coge la pequeña porción de vida
que el resplandor no te obnubile.
No tengas reparo por el pezón roto
que en tus labios cristaliza.
Vulnerables bajo el techo de estrellas
a la intemperie de ráfagas de disparos
igual
somos los mismos ayer hoy y siempre
un pálpito en los ojos
que enhebran la aguja
al hilo intransigente de la sangre
y suturan el desgarro de la historia
por los mundos perdidos de la mano de dios.
con mis manos temblorosas
una pequeña porción
tal vez demasiado frágil
para quien dispara
sin otra alternativa
que matar o morir o escribir con sangre en las paredes
el nombre de los desaparecidos.
Inocente
a salvo de nosotros
toma el queso Emmental
que si bien resulta ridículo
a los ojos del niño abandonado
abre brechas en la rabia
otros cráteres.
Disparamos porque nos hicimos mayores.
No importa si las balas son de acero o bruma.
Matamos igual.
Cuando la noche comprime sesos
y amenaza con estallar la tristeza
entonces salen de la luna
descienden con sigilo
—tú madre mi madre —
embalsaman los ojos al camello
aposentado junto a la guarnición
en una guerra absurda
guardando las lágrimas.
Amigo
coge la pequeña porción de vida
que el resplandor no te obnubile.
No tengas reparo por el pezón roto
que en tus labios cristaliza.
Vulnerables bajo el techo de estrellas
a la intemperie de ráfagas de disparos
igual
somos los mismos ayer hoy y siempre
un pálpito en los ojos
que enhebran la aguja
al hilo intransigente de la sangre
y suturan el desgarro de la historia
por los mundos perdidos de la mano de dios.
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