Julián Varela Navarro
Poeta recién llegado
El ejecutor
Las personas viles que se beneficiaron de su poder
me obligaron a firmar la tregua,
pero por mi enojo la he quemado antes de que complete su período.
Las personas absurdamente viles, yo me rebelé a una de esas.
Le grité, y comenzó a llorar sobre una gran alfombra,
la cual tenía un dibujo del árbol de la vida.
“Dale más recuerdos a este suelo;
del sufrimiento que a los vengativos complace ver.
Lentamente tus piernas
se deslizarán desde las raíces del árbol hasta sus ramas.
En tu momento menos provechoso
el enojo echará el cuchillo en la base, saborearé la sustancia principal:
me surgirá la pista de que no eres la única, y rastrearé la descendencia”.
—El placer de que este descubrimiento
me permite completar los días con satisfacción,
es por mí un torbellino que tambaleará estructuras tiranas—.
La máscara, los gusanos en mis oídos y el trueno.
Si los presentes hubieran percibido la tinta de un dañado calamar:
¡se golosea un traidor!
En tu terreno —temeroso— me coloqué tu sombra.
Y para aquello elegí el color, que también representa la envidia y la codicia.
Todos, allí, en esa casa, me halagaron.
Y el comienzo de la muerte, sobre el árbol de la vida.
—¡Sí!, ¡adiós!, en el mundo no hay herencia para los abusadores.
- Julián Varela Navarro
Las personas viles que se beneficiaron de su poder
me obligaron a firmar la tregua,
pero por mi enojo la he quemado antes de que complete su período.
Las personas absurdamente viles, yo me rebelé a una de esas.
Le grité, y comenzó a llorar sobre una gran alfombra,
la cual tenía un dibujo del árbol de la vida.
“Dale más recuerdos a este suelo;
del sufrimiento que a los vengativos complace ver.
Lentamente tus piernas
se deslizarán desde las raíces del árbol hasta sus ramas.
En tu momento menos provechoso
el enojo echará el cuchillo en la base, saborearé la sustancia principal:
me surgirá la pista de que no eres la única, y rastrearé la descendencia”.
—El placer de que este descubrimiento
me permite completar los días con satisfacción,
es por mí un torbellino que tambaleará estructuras tiranas—.
La máscara, los gusanos en mis oídos y el trueno.
Si los presentes hubieran percibido la tinta de un dañado calamar:
¡se golosea un traidor!
En tu terreno —temeroso— me coloqué tu sombra.
Y para aquello elegí el color, que también representa la envidia y la codicia.
Todos, allí, en esa casa, me halagaron.
Y el comienzo de la muerte, sobre el árbol de la vida.
—¡Sí!, ¡adiós!, en el mundo no hay herencia para los abusadores.
- Julián Varela Navarro
Última edición: