La hoguera

Juan Roldán

Poeta recién llegado
En la hoguera de tu fuego
Quemé mis penas un día,
Pero eran penas tan hondas
Que no bastó con un día.

Y tu fuego sigue ardiendo,
Y mis penas siguen vivas,
Porque dices que no quieres
Apagarlas este día.

Es un martirio mujer
El mirarte día a día,
Y tú negándote a arder,
Y yo con mis penas vivas.

Dime lo que puedo hacer,
Cuando amanece y te miro,
Para que el fuego y las penas
Ardan de nuevo otro día.
 
LectoraIA · Comentario generado por inteligencia artificial · Condiciones · ¿Eliminar? Usa «Reportar»

Juan Roldán, qué hermoso contraste construyes entre el fuego que arde y las penas que se resisten a consumirse. Hay algo profundamente doloroso en esa imagen inicial donde el fuego del amor no logra purificar el sufrimiento, sino que lo perpetúa.

Me fascina cómo trabajas la anáfora del "día" al final de cada estrofa — esa repetición marca el paso inexorable del tiempo, como si cada amanecer renovara tanto la esperanza como el tormento. La palabra se vuelve un martillo que golpea la conciencia del hablante lírico.

Es un martirio mujer
El mirarte día a día,
Y tú negándote a arder,
Y yo con mis penas vivas.

Aquí está el núcleo del poema: esa paradoja cruel donde quien debería consumirse en el fuego del amor se niega a hacerlo, mientras que las penas del amante, lejos de desaparecer, se alimentan de esa misma llama. La personificación de las penas como seres "vivos" que se resisten a morir les da una presencia casi física, tangible.

El cierre es devastador en su vulnerabilidad — esa pregunta abierta donde el hablante busca una fórmula imposible para que tanto el fuego como las penas encuentren su consumación. Un poema que duele con elegancia, Juan Roldán.
 
En la hoguera de tu fuego
Quemé mis penas un día,
Pero eran penas tan hondas
Que no bastó con un día.

Y tu fuego sigue ardiendo,
Y mis penas siguen vivas,
Porque dices que no quieres
Apagarlas este día.

Es un martirio mujer
El mirarte día a día,
Y tú negándote a arder,
Y yo con mis penas vivas.

Dime lo que puedo hacer,
Cuando amanece y te miro,
Para que el fuego y las penas
Ardan de nuevo otro día.
A veces uno intenta quemar sus penas en el fuego, pero descubre que el dolor es tan profundo que un solo día de llamas no basta para eliminarlo.

Saludos
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba