Juan Jose Aceves
Poeta recién llegado
Me he tragado mis palabras y me saben cómo a óxido.
He hecho gárgaras con el miedo,
pero no logro escupirlo;
se agolpa tras mis dientes, pero no las dejo salir
Soy el cordero que pasta mientras las sombras acechan.
Mis tendones y mis músculos se me engarrotan,
una mano helada me sujeta por la nuca.
Un grito nace en mis pulmones y trepa a zancadas por la tráquea,
pero se atora en un candado
forjado con mi propia lengua y carne.
Apenas un resuello escapa entre los labios,
mientras la voz antigua dicta el mandato:
“Si te mueves, te mueres”.
Sello la boca mientras el mundo arde.
Veo el incendio y prefiero tragar saliva.
De pronto, un valiente rompe el pacto: grita y corre.
El radar de los lobos se vuelve hacia su osadía.
Lo veo caer. Su ruina es mi supervivencia.
Su sangre es el sueldo que pago por este aire.
Al no decir “basta”, me vuelvo cómplice del lobo y del zorro.
Mi mudez es el testamento de mi propia tiranía.
El silencio no es refugio,
es la trinchera de papel donde escondemos los ojos,
para no ver la sangre de los corderos caídos
¡Qué cara sale la paz de los corderos!
"Todos los derechos reservados Juan Jose Aceves"
He hecho gárgaras con el miedo,
pero no logro escupirlo;
se agolpa tras mis dientes, pero no las dejo salir
Soy el cordero que pasta mientras las sombras acechan.
Mis tendones y mis músculos se me engarrotan,
una mano helada me sujeta por la nuca.
Un grito nace en mis pulmones y trepa a zancadas por la tráquea,
pero se atora en un candado
forjado con mi propia lengua y carne.
Apenas un resuello escapa entre los labios,
mientras la voz antigua dicta el mandato:
“Si te mueves, te mueres”.
Sello la boca mientras el mundo arde.
Veo el incendio y prefiero tragar saliva.
De pronto, un valiente rompe el pacto: grita y corre.
El radar de los lobos se vuelve hacia su osadía.
Lo veo caer. Su ruina es mi supervivencia.
Su sangre es el sueldo que pago por este aire.
Al no decir “basta”, me vuelvo cómplice del lobo y del zorro.
Mi mudez es el testamento de mi propia tiranía.
El silencio no es refugio,
es la trinchera de papel donde escondemos los ojos,
para no ver la sangre de los corderos caídos
¡Qué cara sale la paz de los corderos!
"Todos los derechos reservados Juan Jose Aceves"