Teo Moran
Poeta fiel al portal
Las raíces se abren paso por mi piel,
contumaces arañan mi pecho
al encuentro de mi frágil corazón,
se enredan insaciables en el latido
y con la sed de unos labios agostados
vacían el cauce profundo del amor,
dejan a la vista su lecho sangrante
y el tallo enjuto del junco verde,
la sombra rauda entre claros oscuros
que se desliza en el mar de cereal
entre los parpadeos de un tibio sol
que poco a poco se pierde silente
por entre la oquedad del horizonte,
allí también las raíces insaciables
beben de la línea hermosa del paisaje,
liban el rocío de las flores silvestres
y el recuerdo dulce de mi mente,
se sacian con el reguero de mi sangre.
Las raíces se solidifican en mis besos,
en la mirada cansada de mis ojos verdes
y en el cabello antes rubio ahora cano,
en las arrugas delgadas de mi rostro
que esbozan el inicio de una sonrisa…
¡Pero esas raíces que nacen del recuerdo
se aferran firmemente a mi pecho
con la sed de una flor en un campo yermo!
Se resisten a desfallecer en las sombras
a sabiendas que al rigor del cauce
tarde o temprano atadas a mi piel
harán un desierto con mi corazón.
contumaces arañan mi pecho
al encuentro de mi frágil corazón,
se enredan insaciables en el latido
y con la sed de unos labios agostados
vacían el cauce profundo del amor,
dejan a la vista su lecho sangrante
y el tallo enjuto del junco verde,
la sombra rauda entre claros oscuros
que se desliza en el mar de cereal
entre los parpadeos de un tibio sol
que poco a poco se pierde silente
por entre la oquedad del horizonte,
allí también las raíces insaciables
beben de la línea hermosa del paisaje,
liban el rocío de las flores silvestres
y el recuerdo dulce de mi mente,
se sacian con el reguero de mi sangre.
Las raíces se solidifican en mis besos,
en la mirada cansada de mis ojos verdes
y en el cabello antes rubio ahora cano,
en las arrugas delgadas de mi rostro
que esbozan el inicio de una sonrisa…
¡Pero esas raíces que nacen del recuerdo
se aferran firmemente a mi pecho
con la sed de una flor en un campo yermo!
Se resisten a desfallecer en las sombras
a sabiendas que al rigor del cauce
tarde o temprano atadas a mi piel
harán un desierto con mi corazón.