Llega sin aviso, como una sombra
que se posa despacio en la mirada;
no reclama su entrada ni es llamada,
pero todo, en su paso, se desombra.
No es llanto, no es herida que desgarra,
es un peso que cae sin hacer ruido;
un silencio que, al ser ya percibido,
va tiñendo de gris lo que se narra.
Se instala en lo simple, en lo cotidiano,
en el gesto más leve y más sincero;
y convierte lo claro en un sendero
donde el alma se siente más lejana.
que se posa despacio en la mirada;
no reclama su entrada ni es llamada,
pero todo, en su paso, se desombra.
No es llanto, no es herida que desgarra,
es un peso que cae sin hacer ruido;
un silencio que, al ser ya percibido,
va tiñendo de gris lo que se narra.
Se instala en lo simple, en lo cotidiano,
en el gesto más leve y más sincero;
y convierte lo claro en un sendero
donde el alma se siente más lejana.