Ziler
Poeta recién llegado
Entronizado como un dios en este infierno tapizado, desato una ofensiva verbal que sofoca cualquier asomo de aversión: esa malhadada suerte que debí incinerar junto al trébol fatuo de mi infancia. Hoy habito un insomnio desolado, donde recojo con vergüenza las plegarias que me parieron ,mientras anhelo un paraíso utópico que se retuerce, cada vez más sinuoso, en el horizonte de mi porvenir.
Me rebelo ante este azar ilegítimo; no me resta sino apostar los despojos de mis ilusiones. Soy el diablo más benevolente profetizando su propia muerte, tras haberlo perdido todo en este juego de la vida. Con el remordimiento tatuado en la garganta, arrojo a la existencia mis esputos negros. He fumado tanto mis tristezas que mis versos no son más que ceniza olvidada en los ceniceros. Despojado de piedad y guiado por un odio que me dicta la huida, termino contemplando la lluvia: ese llanto divino que se funde con el mío sobre el frío del asfalto.
Me rebelo ante este azar ilegítimo; no me resta sino apostar los despojos de mis ilusiones. Soy el diablo más benevolente profetizando su propia muerte, tras haberlo perdido todo en este juego de la vida. Con el remordimiento tatuado en la garganta, arrojo a la existencia mis esputos negros. He fumado tanto mis tristezas que mis versos no son más que ceniza olvidada en los ceniceros. Despojado de piedad y guiado por un odio que me dicta la huida, termino contemplando la lluvia: ese llanto divino que se funde con el mío sobre el frío del asfalto.