Amores de nuestro ayer
en la sangre van latiendo;
que el hierro forjao al fuego
no tiene más solución
que doblarse ante el querer.
Pon tu mano en mi sentío,
que me quema la cadena
como un hierro encandecío.
El olvido no perdona
ni el alivio me ha venío.
Moja mis labios, compañera,
en los besos que me diste
se me fue la vida entera.
Y ahora que vuelvo a encontrarte,
mi vida es una solera.
¡Que se apague mi fatiga
con el frescor de tu cara!
Este querer que nos une
ni se dona ni se paga
ni hay ley que lo deshaga .
¡Bendito sea el destino
que nos vuelve a tropezar!
El fuego de nuestro beso
ni la muerte lo apaga
ni el tiempo lo ha de borrar.
*****
en la sangre van latiendo;
que el hierro forjao al fuego
no tiene más solución
que doblarse ante el querer.
Pon tu mano en mi sentío,
que me quema la cadena
como un hierro encandecío.
El olvido no perdona
ni el alivio me ha venío.
Moja mis labios, compañera,
en los besos que me diste
se me fue la vida entera.
Y ahora que vuelvo a encontrarte,
mi vida es una solera.
¡Que se apague mi fatiga
con el frescor de tu cara!
Este querer que nos une
ni se dona ni se paga
ni hay ley que lo deshaga .
¡Bendito sea el destino
que nos vuelve a tropezar!
El fuego de nuestro beso
ni la muerte lo apaga
ni el tiempo lo ha de borrar.
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