La mejor versión de mí
no era la que sonreía más.
Era la que dormía tranquila.
La que no tenía miedo
de revisar el teléfono,
de amar demasiado,
de decir lo que sentía
sin pensar que eso algún día
sería usado en su contra.
La mejor versión de mí
existió antes de tantas despedidas.
Antes de aprender
que hay personas
que llegan solo para enseñarte
cómo se siente romperse lentamente.
Y aun así,
no extraño mi inocencia por completo.
Porque esta versión cansada,
esta que duda,
esta que a veces se encierra para no sentir,
también aprendió algo importante:
sobrevivió.
Sobrevivió a promesas vacías,
a silencios crueles,
a noches enteras preguntándose
por qué no fue suficiente.
Y mírame…
todavía escribo.
Todavía amo.
Todavía me emociono con ciertas canciones
aunque disimule que no.
Quizás la mejor versión de nosotros
no sea la más feliz,
ni la más perfecta.
Quizás sea simplemente
la que después de tanto dolor
todavía conserva ternura
sin convertirse en piedra.
no era la que sonreía más.
Era la que dormía tranquila.
La que no tenía miedo
de revisar el teléfono,
de amar demasiado,
de decir lo que sentía
sin pensar que eso algún día
sería usado en su contra.
La mejor versión de mí
existió antes de tantas despedidas.
Antes de aprender
que hay personas
que llegan solo para enseñarte
cómo se siente romperse lentamente.
Y aun así,
no extraño mi inocencia por completo.
Porque esta versión cansada,
esta que duda,
esta que a veces se encierra para no sentir,
también aprendió algo importante:
sobrevivió.
Sobrevivió a promesas vacías,
a silencios crueles,
a noches enteras preguntándose
por qué no fue suficiente.
Y mírame…
todavía escribo.
Todavía amo.
Todavía me emociono con ciertas canciones
aunque disimule que no.
Quizás la mejor versión de nosotros
no sea la más feliz,
ni la más perfecta.
Quizás sea simplemente
la que después de tanto dolor
todavía conserva ternura
sin convertirse en piedra.
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