Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Cae la lluvia dibujando la ciudad
en esta tarde de invierno.
Venerables piedras se asoman
entre la niebla y parecen renacer
año tras año.
Apenas se han encendido las luces,
y sombras de ángeles se desplazan
por la lenta geografía de los himnos.
Un clamor de fuente melancólica
resuena en su pecho soñando
con palomas enfermas y cálices
en esta tarde a traición.
Arquitecturas de espejos conmovidos
y ociosas avenidas vacías como lo que queda
tras la muerte de una estrella.
La ciudad como una isla,
donde cada silencio cuenta una vida,
cada esquina con su nostalgia
envuelta en infancias de barrio,
coronando silabarios.
La noche arrastra tras de si
hitos y alientos.
En los jardines apenas el reflejo
de mínimos planetas.
Las calles con sus adoquines
como luz de gas sobre la que cae
esta lluvia callada que no parece
de este siglo.
en esta tarde de invierno.
Venerables piedras se asoman
entre la niebla y parecen renacer
año tras año.
Apenas se han encendido las luces,
y sombras de ángeles se desplazan
por la lenta geografía de los himnos.
Un clamor de fuente melancólica
resuena en su pecho soñando
con palomas enfermas y cálices
en esta tarde a traición.
Arquitecturas de espejos conmovidos
y ociosas avenidas vacías como lo que queda
tras la muerte de una estrella.
La ciudad como una isla,
donde cada silencio cuenta una vida,
cada esquina con su nostalgia
envuelta en infancias de barrio,
coronando silabarios.
La noche arrastra tras de si
hitos y alientos.
En los jardines apenas el reflejo
de mínimos planetas.
Las calles con sus adoquines
como luz de gas sobre la que cae
esta lluvia callada que no parece
de este siglo.