tecafeyletras
Poeta recién llegado
Hay noches en que la ciudad se dibuja con tu ausencia:
con luces encendidas donde ya no vive nadie.
Y yo camino despacio,
como si alargar las calles
pudiera retrasar el momento
de aceptar que ya te has ido.
Ojalá el tiempo supiera deshacer heridas
con la misma facilidad
con la que el mar borra nombres en la arena.
Pero hay recuerdos tercos,
pequeñas hogueras escondidas
que siguen ardiendo debajo de la piel.
Tú eras esa costumbre hermosa
de mirar el mundo sin miedo.
Yo, en cambio,
aprendí -quizá muy tarde-
que el amor también se rompe
cuando no encuentra lugar donde quedarse.
Ahora el silencio tiene tu forma.
Se sienta conmigo en los cafés vacíos,
duerme del lado izquierdo de la cama
y me acompaña
como acompañan las lluvias largas:
sin pedir jamás permiso.
A veces pienso
que no fue el adiós lo que dolió,
sino todas las vidas pequeñas
que imaginamos juntos
y nunca llegaron a existir.
Y aun así,
cuando el amanecer derrama su luz cansada sobre los tejados,
todavía le pido al día
que te cuide,
aunque sea lejos de mí.
con luces encendidas donde ya no vive nadie.
Y yo camino despacio,
como si alargar las calles
pudiera retrasar el momento
de aceptar que ya te has ido.
Ojalá el tiempo supiera deshacer heridas
con la misma facilidad
con la que el mar borra nombres en la arena.
Pero hay recuerdos tercos,
pequeñas hogueras escondidas
que siguen ardiendo debajo de la piel.
Tú eras esa costumbre hermosa
de mirar el mundo sin miedo.
Yo, en cambio,
aprendí -quizá muy tarde-
que el amor también se rompe
cuando no encuentra lugar donde quedarse.
Ahora el silencio tiene tu forma.
Se sienta conmigo en los cafés vacíos,
duerme del lado izquierdo de la cama
y me acompaña
como acompañan las lluvias largas:
sin pedir jamás permiso.
A veces pienso
que no fue el adiós lo que dolió,
sino todas las vidas pequeñas
que imaginamos juntos
y nunca llegaron a existir.
Y aun así,
cuando el amanecer derrama su luz cansada sobre los tejados,
todavía le pido al día
que te cuide,
aunque sea lejos de mí.