Teo Moran
Poeta fiel al portal
Me empujas al abismo más profundo,
llevas el guardarropa de mi rota piel
junto al baúl profundo del tiempo,
haces de mi existencia una rémora
con la delicadeza de un maltratador
que dibuja con alfileres y puntadas
cada latido de mi corazón.
Me abandonas ante el altar pétreo
donde hicimos nuestros votos de amor,
aún llevo la plegaria en mis labios
y en mi boca el sabor de tus besos,
en los dedos una dulce fragancia
que me recuerda que ya no estás
y alguna lágrima que nace del dolor.
Me destierras al árido desierto,
solo me dejas tus huellas en las dunas
que como leproso en busca del milagro
las sigue sin miedo al velado destino,
y con hambre va comiendo los granos
y en su alma su dulce penitencia
va dando paso a lo que un día fuimos.
Me matas sin piedad delante del mundo,
con el filo de tu lengua deslenguada
atraviesas piel, mente y corazón,
cada pálpito que nace enamorado
y sobrevive en la luz de la mañana
con las fábulas de un amor imposible
que desaparece con los rayos del sol.
Me das fuego con la tea cálida de tu voz,
incineras todos los versos de mi alma
con la chispa encendida de tu dolor,
y bajo tu odio solo cabe la hoguera
de aquellos que sienten frio en la llama
y son ascua y quebranto en el corazón
mas nunca arderán en la flama del amor.
Me insultas, me hieres con tus palabras,
con la sinrazón y el ardor del odio,
te he dejado cada promesa en un rincón
allí donde el olvido se hace presente,
allí donde las promesas no ofenden
y estas son escritas con negro carbón
en la blanca piel de un triste recuerdo.
Me haces daño aún estando lejos,
siento tu aroma recorrer la ciénaga
y el lodazal de mi desaforado pecho,
dejo escapar quejidos en la oscuridad
con la esperanza intrínseca y aciaga
con las que se alimentan los vencejos
en una tarde triste y primaveral.
No me quieres, nunca lo has hecho,
esbozaste las líneas de otros labios
y de tus suspiros en otros brazos,
has hecho mi corazón con arcilla y yeso,
lo fuiste moldeando a tu antojo
como el sol juega con la sombra del chopo
y el río ahoga todos mis lamentos.
No me amas, no lo siento en el alma,
llevo esa rosa con su aguda espina
clavada en mi piel con su negra llaga,
y temo que las lágrimas queden secas
en las cuencas profundas de mis ojos,
temo que la melodía del amor
suene amargamente en tu corazón.
Me destruyes como el alto alfeizar
se desmorona ante el vigor del tiempo,
ante la frialdad de tus ademanes
que quiebran senderos y latitudes,
hace siega en el campo de cereal
y a la amapola la desnuda sin razón,
con el desdén de un niño consentido.
llevas el guardarropa de mi rota piel
junto al baúl profundo del tiempo,
haces de mi existencia una rémora
con la delicadeza de un maltratador
que dibuja con alfileres y puntadas
cada latido de mi corazón.
Me abandonas ante el altar pétreo
donde hicimos nuestros votos de amor,
aún llevo la plegaria en mis labios
y en mi boca el sabor de tus besos,
en los dedos una dulce fragancia
que me recuerda que ya no estás
y alguna lágrima que nace del dolor.
Me destierras al árido desierto,
solo me dejas tus huellas en las dunas
que como leproso en busca del milagro
las sigue sin miedo al velado destino,
y con hambre va comiendo los granos
y en su alma su dulce penitencia
va dando paso a lo que un día fuimos.
Me matas sin piedad delante del mundo,
con el filo de tu lengua deslenguada
atraviesas piel, mente y corazón,
cada pálpito que nace enamorado
y sobrevive en la luz de la mañana
con las fábulas de un amor imposible
que desaparece con los rayos del sol.
Me das fuego con la tea cálida de tu voz,
incineras todos los versos de mi alma
con la chispa encendida de tu dolor,
y bajo tu odio solo cabe la hoguera
de aquellos que sienten frio en la llama
y son ascua y quebranto en el corazón
mas nunca arderán en la flama del amor.
Me insultas, me hieres con tus palabras,
con la sinrazón y el ardor del odio,
te he dejado cada promesa en un rincón
allí donde el olvido se hace presente,
allí donde las promesas no ofenden
y estas son escritas con negro carbón
en la blanca piel de un triste recuerdo.
Me haces daño aún estando lejos,
siento tu aroma recorrer la ciénaga
y el lodazal de mi desaforado pecho,
dejo escapar quejidos en la oscuridad
con la esperanza intrínseca y aciaga
con las que se alimentan los vencejos
en una tarde triste y primaveral.
No me quieres, nunca lo has hecho,
esbozaste las líneas de otros labios
y de tus suspiros en otros brazos,
has hecho mi corazón con arcilla y yeso,
lo fuiste moldeando a tu antojo
como el sol juega con la sombra del chopo
y el río ahoga todos mis lamentos.
No me amas, no lo siento en el alma,
llevo esa rosa con su aguda espina
clavada en mi piel con su negra llaga,
y temo que las lágrimas queden secas
en las cuencas profundas de mis ojos,
temo que la melodía del amor
suene amargamente en tu corazón.
Me destruyes como el alto alfeizar
se desmorona ante el vigor del tiempo,
ante la frialdad de tus ademanes
que quiebran senderos y latitudes,
hace siega en el campo de cereal
y a la amapola la desnuda sin razón,
con el desdén de un niño consentido.
ninja poéticus