Perdido en esta distopía inducida, proyecto un futuro prometedor donde el dinero no me falta y puedo avanzar sin sentirme a la deriva; pero de pronto se me revuelven las entrañas por engañarme tan descaradamente, y la verdad me golpea en esta oscura realidad.
Recojo mi lápiz, herido de promesas muertas y vestido ya con su túnica contra el amor; comienza su desgarro de olvido y tinta, y tatúa en mi cuaderno el averno que me acongoja. Qué imbécil al sentirme tan contento y radiante que olvidé que la muerte se enamoró de mi olor. No sé si la angustia se me ha impregnado tanto que mi aroma le recuerda a las tumbas que visité.
Después de todo, suelo conquistar sin abrazos, y aborrezco que confundan mi desinterés con la melancolía. No entiendes que me escapo en la madrugada porque Girondo entre espantapájaros me enseñó a volar. Esto es una oda insignificante y putrefacta a la libertad que me da escribir, algo que mitiga la ansiedad o apacigua el dolor... qué más da, mientras me pueda aliviar.
Recojo mi lápiz, herido de promesas muertas y vestido ya con su túnica contra el amor; comienza su desgarro de olvido y tinta, y tatúa en mi cuaderno el averno que me acongoja. Qué imbécil al sentirme tan contento y radiante que olvidé que la muerte se enamoró de mi olor. No sé si la angustia se me ha impregnado tanto que mi aroma le recuerda a las tumbas que visité.
Después de todo, suelo conquistar sin abrazos, y aborrezco que confundan mi desinterés con la melancolía. No entiendes que me escapo en la madrugada porque Girondo entre espantapájaros me enseñó a volar. Esto es una oda insignificante y putrefacta a la libertad que me da escribir, algo que mitiga la ansiedad o apacigua el dolor... qué más da, mientras me pueda aliviar.