El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
Se va hinchando de rojo la bolsa.
La miras sonriente.
Nunca sientes tan de cerca,
tan directamente,
que tu vida va sirviendo.
Ojalá pudiera, a cada uno,
regalarle como ahora
este vino de mis venas.
Mi vida,
o al menos, un trozo de ella.
Una estrofa.
Una frase.
Paciencia y sonrisa.
Intentar comprenderte.
O mis silencios mujer,
En que te digo tanto,
Y no me comprendes.
Dártelos aunque seamos diferentes.
Pero es igual la sangre.
Doliente y roja.
Me leerás.
Te gustarán algunas cosas.
Me pondrás en un pedestal que sólo servirá para amplificar mis errores.
Pues soy un hombre tan sólo.
Tal vez llegues a odiarme.
No importa.
Ya se olvida pronto el dolor y la injuria.
La aguja fría se abre paso.
No olvides que somos todos tu misma sangre.
Las palabras, generalmente,
Sirven de bien poco.
Pero ya la bolsa se va llenando de rojo.
La vida, poblando de otros momentos mientras seguimos adelante.
Paciencia y sonrisa...
Intentar comprenderte aunque seamos tan diferentes.
Pero es una la sangre.
Que no te engañen diciendo que pelees su guerra.
Que no te convenzan de asaltar a tu hermano para tomarla.
Aquí estoy manso en la camilla,
Y no hubo necesidad de hierros ni balas.
Puede que la necesite tu hijo,
tu padre,
tu hermana.
No son palabras,
Que generalmente, no dicen casi nada.
Esto es verdad.
Cuando estén agitando al monstruo de otra guerra,
que esto no se te olvide.
Te la regalo hoy,
Aunque la necesito para seguir mañana.
El Poeta del Asfalto
(2006)
(para la señora Olga,
finalmente q.e.p.d)
La miras sonriente.
Nunca sientes tan de cerca,
tan directamente,
que tu vida va sirviendo.
Ojalá pudiera, a cada uno,
regalarle como ahora
este vino de mis venas.
Mi vida,
o al menos, un trozo de ella.
Una estrofa.
Una frase.
Paciencia y sonrisa.
Intentar comprenderte.
O mis silencios mujer,
En que te digo tanto,
Y no me comprendes.
Dártelos aunque seamos diferentes.
Pero es igual la sangre.
Doliente y roja.
Me leerás.
Te gustarán algunas cosas.
Me pondrás en un pedestal que sólo servirá para amplificar mis errores.
Pues soy un hombre tan sólo.
Tal vez llegues a odiarme.
No importa.
Ya se olvida pronto el dolor y la injuria.
La aguja fría se abre paso.
No olvides que somos todos tu misma sangre.
Las palabras, generalmente,
Sirven de bien poco.
Pero ya la bolsa se va llenando de rojo.
La vida, poblando de otros momentos mientras seguimos adelante.
Paciencia y sonrisa...
Intentar comprenderte aunque seamos tan diferentes.
Pero es una la sangre.
Que no te engañen diciendo que pelees su guerra.
Que no te convenzan de asaltar a tu hermano para tomarla.
Aquí estoy manso en la camilla,
Y no hubo necesidad de hierros ni balas.
Puede que la necesite tu hijo,
tu padre,
tu hermana.
No son palabras,
Que generalmente, no dicen casi nada.
Esto es verdad.
Cuando estén agitando al monstruo de otra guerra,
que esto no se te olvide.
Te la regalo hoy,
Aunque la necesito para seguir mañana.
El Poeta del Asfalto
(2006)
(para la señora Olga,
finalmente q.e.p.d)