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País De Ausentes

acontista1967

Poeta recién llegado
PAÍS DE AUSENTES

Por ti rumor del viento que me traes sosiego.
Por ti gañido ocre de la tarde que muere,
meciéndome en su manto de tenue claridad.
Frondas de los caminos que fatigué en mi infancia,
cañadas que aguzaban el facundo misterio del verdor.
Por ti también, dulcémele que fulges allende los ramajes,
y me bañas en lumbre la piel del corazón . . .

Y porque me ofrendaron la sencilla ventura de su brillo
En un tiempo de cruentas impudicias,
yo canto con ternura esta tristeza,
este fardo opresivo que agrava la belleza que hay en todo lo bello.

Hay un país con el que mi país limita en el subsuelo.
Jirones de sueños y astillas de ira han sido su cimiente.
Umbrío, magro y ceniciento, el aire que lo infesta.
Sus habitantes yacen mirando siempre un cielo inaprensible,
una tapia de tierra empareda el fulgor de sus miradas vacuas.
Sus líquidos vitales alimentan yerbajos
donde pacen las bestias del olvido.
¡Hordas de espectros tiernos que asolan mi memoria!

País hecho de muerte y de penuria
Y tramitado a expensas de la luz de la vida,
a expensas de la luz de la colina de mi infancia,
donde iba a ver un río
que corría por abajo de una casa humeante y verdecida en torno
en donde fui feliz, en donde prometí al muchacho que fui entonces
paliar con el aroma, el sabor y el color de aquella imagen tibia
las contriciones de años venideros.

Pero crecí a la par de ese país vecino
Donde se pudren muchos
que como yo habitaron aquende la penumbra.
Muchachos que doblaron la esquina y no supimos dónde,
y no supimos cuándo –de repente no estaban- ;
gatos queridos y hogareños que se fueron al patio frondoso y no volvieron.

Rutilan sus ojos infestados de dolor y reclamo
desde ese país magro,
cual brillantes monedas que se nos escaparon por entre las rendijas.
¡Oh! Sueños entrañables,
nubes que desdibujan mi sonrisa,
quebrantadas promesas de lo que pudo ser
y sólo fue el horror, la infamia, lo indecible.

¡Oh! País, ¡Oh! País de huesos quebrantados,
que no me das sosiego,
país de muñones a la diáspora,
país sin nombre, sin bandera, sin himno,
que rumora, no obstante, por cerros y llanuras
la canción del silencio prohibido:
el dolor de los que fueron arrancados del regazo del sol
y del chal plateado de la luna;
árboles de sangre y carne
aserrados como se siegan árboles de leña.

Aquí estoy, aquí estoy, de este lado aún,
conjurándote país de ausentes.
País cuyos rostros nos tocarán con ojos abismados
desde una estancia oscura,
en tanto y cuanto dure la mudez de sus nombres,
silenciados por zarpas y graznidos de pájaros rapaces.

Te canto esta tristeza, país magro,
este fardo opresivo que agrava la belleza que hay en todo lo bello,
como un leve susurro que preludia
la redención al viento de tus nombres
rescatados del foso ennegrecido de las muertes indignas.
 
Última edición:
PAÍS DE AUSENTES

Por ti rumor del viento que me traes sosiego.
Por ti gañido ocre de la tarde que muere,
meciéndome en su manto de tenue claridad,
frondas de los caminos que fatigué en mi infancia,
cañadas que aguzaban el facundo misterio del verdor;
por ti también, dulcémele que fulges allende los ramajes,
y me bañas en lumbre la piel del corazón . . .

Y porque me ofrendaron la sencilla ventura de su brillo
En un tiempo de cruentas impudicias,
yo canto con ternura esta tristeza,
este fardo opresivo que agrava la belleza que hay en todo lo bello.

Hay un país con el que mi país limita en el subsuelo.
Jirones de sueños y astillas de ira han sido su cimiente.
Umbrío, magro y ceniciento, el aire que lo infesta.
Sus habitantes yacen mirando siempre un cielo inaprensible,
una tapia de tierra empareda el fulgor de sus miradas vacuas.
Sus líquidos vitales alimentan yerbajos
donde pacen las bestias del olvido.
¡Hordas de espectros tiernos que asolan mi memoria!

País hecho de muerte y de penuria
Y tramitado a expensas de la luz de la vida,
a expensas de la luz de la colina de mi infancia,
donde iba a ver un río
que corría por abajo de una casa humeante y verdecida en torno
en donde fui feliz, en donde prometí al muchacho que fui entonces
paliar con el aroma, el sabor y el color de aquella imagen tibia
las contriciones de años venideros.

Pero crecí a la par de ese país vecino
Donde se pudren muchos
que como yo habitaron aquende la penumbra.
Muchachos que doblaron la esquina y no supimos dónde,
y no supimos cuándo –de repente no estaban- ;
gatos queridos y hogareños que se fueron al patio frondoso y no volvieron.

Rutilan sus ojos infestados de dolor y reclamo
desde ese país magro,
cual brillantes monedas que se nos escaparon por entre las rendijas.
¡Oh! Sueños entrañables,
nubes que desdibujan mi sonrisa,
quebrantadas promesas de lo que pudo ser
y sólo fue el horror, la infamia, lo indecible.

¡Oh! País, ¡Oh! País de huesos quebrantados,
que no me das sosiego,
país de muñones a la diáspora,
país sin nombre, sin bandera, sin himno,
que rumora, no obstante, por cerros y llanuras
la canción del silencio prohibido:
el dolor de los que fueron arrancados del regazo del sol
y del chal plateado de la luna;
árboles de sangre y carne
aserrados como se siegan árboles de leña.

Aquí estoy, aquí estoy, de este lado aún,
conjurándote país de ausentes.
País cuyos rostros nos tocarán con ojos abismados
desde una estancia oscura,
en tanto y cuanto dure la mudez de sus nombres, silenciados por zarpas y graznidos de pájaros rapaces.

Te canto esta tristeza, país magro,
este fardo opresivo que agrava la belleza que hay en todo lo bello,
como un leve susurro que preludia
la redención al viento de tus nombres
rescatados del foso ennegrecido de las muertes indignas.

Este poema debe ser leìdo.. es maravilloso... estrellas y mi admiraciòn compañero :)
 
Hay momentos en que se rompe la cadencia por rupturas súbitas que le dan un encanto adicional, como actos reactivos que buscan adrede romper con la armonía. Secuencias de imágenes que parecen continuar y se detienen para dar paso a una cadena de otras imágenes que complementan la idea. Parece querer derivar en parte hacia la prosa poética, pero las cesuras versales lo retienen en la poética de un verso libre musical y cadencioso.
 
Pais de ausentes sabes te agradezco mucho el que lo compartas si coincido con Mujer Azul es un poema que debe ser leido por que es hermoso por que tu vocabulario es grande y hay hermosas metaforas lamento que ese pais del que hablas traiga tanto dolor para las personas que lo habitan un pais triste y desangelado gracias por hacerme saber de tu poema te felicito saludos.
 
Acontista... tu canto triste es mi canto... nuestro pais nos duele y celebro hoy tu poesía llena de imágenes que se quedan como un entrañable grito en tus letras. Abrazos y admiración a estas maravillo poema que nace en las entrañas de un poeta sensible al que le duele su tierra...!
 
a veces esos gritos quedan a la deriva, besos
PAÍS DE AUSENTES

Por ti rumor del viento que me traes sosiego.
Por ti gañido ocre de la tarde que muere,
meciéndome en su manto de tenue claridad,
frondas de los caminos que fatigué en mi infancia,
cañadas que aguzaban el facundo misterio del verdor;
por ti también, dulcémele que fulges allende los ramajes,
y me bañas en lumbre la piel del corazón . . .

Y porque me ofrendaron la sencilla ventura de su brillo
En un tiempo de cruentas impudicias,
yo canto con ternura esta tristeza,
este fardo opresivo que agrava la belleza que hay en todo lo bello.

Hay un país con el que mi país limita en el subsuelo.
Jirones de sueños y astillas de ira han sido su cimiente.
Umbrío, magro y ceniciento, el aire que lo infesta.
Sus habitantes yacen mirando siempre un cielo inaprensible,
una tapia de tierra empareda el fulgor de sus miradas vacuas.
Sus líquidos vitales alimentan yerbajos
donde pacen las bestias del olvido.
¡Hordas de espectros tiernos que asolan mi memoria!

País hecho de muerte y de penuria
Y tramitado a expensas de la luz de la vida,
a expensas de la luz de la colina de mi infancia,
donde iba a ver un río
que corría por abajo de una casa humeante y verdecida en torno
en donde fui feliz, en donde prometí al muchacho que fui entonces
paliar con el aroma, el sabor y el color de aquella imagen tibia
las contriciones de años venideros.

Pero crecí a la par de ese país vecino
Donde se pudren muchos
que como yo habitaron aquende la penumbra.
Muchachos que doblaron la esquina y no supimos dónde,
y no supimos cuándo –de repente no estaban- ;
gatos queridos y hogareños que se fueron al patio frondoso y no volvieron.

Rutilan sus ojos infestados de dolor y reclamo
desde ese país magro,
cual brillantes monedas que se nos escaparon por entre las rendijas.
¡Oh! Sueños entrañables,
nubes que desdibujan mi sonrisa,
quebrantadas promesas de lo que pudo ser
y sólo fue el horror, la infamia, lo indecible.

¡Oh! País, ¡Oh! País de huesos quebrantados,
que no me das sosiego,
país de muñones a la diáspora,
país sin nombre, sin bandera, sin himno,
que rumora, no obstante, por cerros y llanuras
la canción del silencio prohibido:
el dolor de los que fueron arrancados del regazo del sol
y del chal plateado de la luna;
árboles de sangre y carne
aserrados como se siegan árboles de leña.

Aquí estoy, aquí estoy, de este lado aún,
conjurándote país de ausentes.
País cuyos rostros nos tocarán con ojos abismados
desde una estancia oscura,
en tanto y cuanto dure la mudez de sus nombres, silenciados por zarpas y graznidos de pájaros rapaces.

Te canto esta tristeza, país magro,
este fardo opresivo que agrava la belleza que hay en todo lo bello,
como un leve susurro que preludia
la redención al viento de tus nombres
rescatados del foso ennegrecido de las muertes indignas.
 

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