acontista1967
Poeta recién llegado
ANIVERSARIO
Antaño, a los pequeños,
nos arredraba la potestad acérrima del padre,
su cólera implacable; ahora, cuando hablamos,
se nos queda mirando y tal vez dice: "está bien";
de lo contrario, rezonga una palabra gutural,
y se encabrita en su semblante térreo un difuso rubor,
dando a entender con ello alguna idea adversa.
A sus sesenta años mi padre se ha tornado claroscuro,
su epidermis ya surcada es un códice del tiempo;
hace un sol lacerado en su poniente
a cuya lumbre se aposenta silencioso los domingos y medita;
en tanto, canta sobre su vasta frente un pájaro agorero,
que parte sólo y cuando lo ha dejado ensordecido;
un raudal de tristeza va convergiendo en él,
y colma su estatura, hasta lograr ponerse a la vanguardía de su edad.
Diríase que mi padre desciende luego
a bañarse en las salobres aguas de sus ojos
y que al emerger, su sombra es un largo corredor que llega al horizonte,
tras fijar su partida en la exacta medida del calzado.
Antaño, a los pequeños,
nos arredraba la potestad acérrima del padre,
su cólera implacable; ahora, cuando hablamos,
se nos queda mirando y tal vez dice: "está bien";
de lo contrario, rezonga una palabra gutural,
y se encabrita en su semblante térreo un difuso rubor,
dando a entender con ello alguna idea adversa.
A sus sesenta años mi padre se ha tornado claroscuro,
su epidermis ya surcada es un códice del tiempo;
hace un sol lacerado en su poniente
a cuya lumbre se aposenta silencioso los domingos y medita;
en tanto, canta sobre su vasta frente un pájaro agorero,
que parte sólo y cuando lo ha dejado ensordecido;
un raudal de tristeza va convergiendo en él,
y colma su estatura, hasta lograr ponerse a la vanguardía de su edad.
Diríase que mi padre desciende luego
a bañarse en las salobres aguas de sus ojos
y que al emerger, su sombra es un largo corredor que llega al horizonte,
tras fijar su partida en la exacta medida del calzado.