Nostalgia apenínica.

Felipe Antonio Santorelli

Poeta que considera el portal su segunda casa
El perfume de los olivares de Visciano
está firmemente atado a mis narices;
las callejuelas y callejones de San Paolo Belsito
se revelan en mis sueños nocturnos;
desde la Nola aplanada y sincera
hasta el pequeño y despoblado Líveri;
desde el antiguo castillo de Lauro
hasta las alturas de Quindici y el valle de Forino,
he aspirado el olor a fresca campiña:
con sus ninfas castañas y brunas, de ojos claros,
con sus robustos e imponentes nogales
flanqueados siempre por avellanos diminutos
-como en un ejército de incautos Davides
amenazando con sus ondas a soberbios filisteos-.

Pompeya enterrada y Pompeya frondosa,
Ercolano sepultado y Ercolano pujante,
Marigliano, Pomigliano, Poggioreale carcelaria,
cuántas remembranzas deambulan
por mi fraudulenta memoria,
abriéndose paso entre mis sueños y pesadillas.

Tanto así me has marcado
tú, la Italia campesina.

La azada en mi mano,
el sudor sobre mi frente,
el secor ajando mi garganta,
mientras aún fondeo alrededor de los cerezos,
de los perales, de los manzanos, nogales y avellanos.
Sendas fosas para el abono;
como en un poético y lucubrador coito
ansimante y delicioso
entre mis manos y tus tierras,
desde la obscuridad de mi alcoba
y la profundidad de mis sueños.

Somma Vesuviana, son tus uvas
la fuente del vino que corre por mis venas.

Campania hermosa, generosa y castigada,
en mi corazón suena aún tu campanada.












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Última edición:
El perfume de los olivares de Visciano
está firmemente atado a mis narices;
las callejuelas y callejones de San Paolo Belsito
se revelan en mis sueños nocturnos;
desde la Nola aplanada y sincera
hasta el pequeño y despoblado Líveri;
desde el antíguo castillo de Lauro
hasta las alturas de Quindici y el valle de Forino,
he aspirado el olor a fresca campiña:
con sus ninfas castañas y brunas, de ojos claros,
con sus robustos e imponentes nogales
flanqueados siempre por avellanos diminutos
-como en un ejército de incáutos Davides
amenazando con sus ondas a soberbios filisteos-.

Pompeya enterrada y Pompeya frondosa,
Ercolano sepultado y Ercolano pujante,
Marigliano, Pomigliano, Poggioreale carcelaria,
cuántas remembranzas deambulan
por mi fraudulenta memoria,
abriéndose paso entre mis sueños y pesadillas.

Tanto así me has marcado
tú, la Italia campesina.

La azada en mi mano,
el sudor sobre mi frente,
el secor ajando mi garganta,
mientras aun azadono alredeor de los cerezos,
de los perales, de los manzanos, nogales y avellanos.
sendas fosas para el abono;
como en un poético y lucubrador coíto
ansimante y delicioso
entre mis manos y tus tierras,
desde la obscuridad de mi alcoba
y la profundidad de mis sueños.

Somma Vesuviana, son tus uvas
la fuente del vino que corre por mis venas.

Campania hermosa, generosa y castigada,
en mi corazón suena aún tu campanada.

BUEN TRABAJO, MUY BIEN DESARROLLADO Y ENGARZADO. TE FELICITO.

UN SALUDO.
 
Poeta, un gran saludo. Me hiciste evocar a "Mi padre el inmigrante", del siempre recordado Don Vicente Gerbasi, pero en incomparable versión, por supuesto, pues Nostalgia apenínica sería acaso como las descripciones que marcan la vida del poeta después de su viaje; o las del propio Don Vicente al conocer la tierra de origen de su padre; o acaso las de cualquiera de los muchos inmigrantes italianos que tuvo la Venezuela del siglo veinte, cuyos recuerdos son puestos ahora en la tesitura de la voz y del sentimiento del cantor que se acerca a la "Italia campesina". ¿O por qué no las tres? Así es la poesía, simultaneidad, paralelismo, pero sobre todo, belleza de la palabra. Felicitaciones.

Herbert Luna
Puerto Rico

El perfume de los olivares de Visciano
está firmemente atado a mis narices;
las callejuelas y callejones de San Paolo Belsito
se revelan en mis sueños nocturnos;
desde la Nola aplanada y sincera
hasta el pequeño y despoblado Líveri;
desde el antíguo castillo de Lauro
hasta las alturas de Quindici y el valle de Forino,
he aspirado el olor a fresca campiña:
con sus ninfas castañas y brunas, de ojos claros,
con sus robustos e imponentes nogales
flanqueados siempre por avellanos diminutos
-como en un ejército de incáutos Davides
amenazando con sus ondas a soberbios filisteos-.

Pompeya enterrada y Pompeya frondosa,
Ercolano sepultado y Ercolano pujante,
Marigliano, Pomigliano, Poggioreale carcelaria,
cuántas remembranzas deambulan
por mi fraudulenta memoria,
abriéndose paso entre mis sueños y pesadillas.

Tanto así me has marcado
tú, la Italia campesina.

La azada en mi mano,
el sudor sobre mi frente,
el secor ajando mi garganta,
mientras aun azadono alredeor de los cerezos,
de los perales, de los manzanos, nogales y avellanos.
sendas fosas para el abono;
como en un poético y lucubrador coíto
ansimante y delicioso
entre mis manos y tus tierras,
desde la obscuridad de mi alcoba
y la profundidad de mis sueños.

Somma Vesuviana, son tus uvas
la fuente del vino que corre por mis venas.

Campania hermosa, generosa y castigada,
en mi corazón suena aún tu campanada.
 
Excelente trabajo amigo mío.

Gracias amigo, favor que me haces, y dado que vives en el pais del sol de media noche, uno de mis sueños siempre fue visitar esos parajes de encanto donde rugian los vikingos, Belgica, Holanda, Dinamarca, Suecia y Noruega, son sitos que me quede con ganas de visitar.
Abrazos tropicales desde este rincon del Caribe
 
Poeta, un gran saludo. Me hiciste evocar a "Mi padre el inmigrante", del siempre recordado Don Vicente Gerbasi, pero en incomparable versión, por supuesto, pues Nostalgia apenínica sería acaso como las descripciones que marcan la vida del poeta después de su viaje; o las del propio Don Vicente al conocer la tierra de origen de su padre; o acaso las de cualquiera de los muchos inmigrantes italianos que tuvo la Venezuela del siglo veinte, cuyos recuerdos son puestos ahora en la tesitura de la voz y del sentimiento del cantor que se acerca a la "Italia campesina". ¿O por qué no las tres? Así es la poesía, simultaneidad, paralelismo, pero sobre todo, belleza de la palabra. Felicitaciones.

Herbert Luna
Puerto Rico

Fijate, ya que lo mencionas, Gerbasi y yo tenemos almenos tres cosas en comun, a saber:
1) El es Venezolano, yo tambien.
2)El es hijo de italianos, yo tambien.
3) el conocio Italia, yo tambien.
Aunque a Gerbasi lo he leido poco, no me extraña que tengamos cosas en comun, al igual que muchos otros inmigrantes que dejaron hijos regados alrededor del mundo.
Por otro lado, es todo un honor para mi que me compares con semejante monstruo de la poesia como es Don Vicente Gerbasi.
Gracias amigo, me alegra que lo hayas disfrutado al leerlo y sabras que yo disfrute un mundo al escribirlo, porque rememore cosas que habia olvidado, al igual que Nostalgia Andina, otro tema que disfrute escribiendo.
Abrazos caribeños y vesuvianos para ti.
 
El perfume de los olivares de Visciano
está firmemente atado a mis narices;
las callejuelas y callejones de San Paolo Belsito
se revelan en mis sueños nocturnos;
desde la Nola aplanada y sincera
hasta el pequeño y despoblado Líveri;
desde el antíguo castillo de Lauro
hasta las alturas de Quindici y el valle de Forino,
he aspirado el olor a fresca campiña:
con sus ninfas castañas y brunas, de ojos claros,
con sus robustos e imponentes nogales
flanqueados siempre por avellanos diminutos
-como en un ejército de incáutos Davides
amenazando con sus ondas a soberbios filisteos-.

Pompeya enterrada y Pompeya frondosa,
Ercolano sepultado y Ercolano pujante,
Marigliano, Pomigliano, Poggioreale carcelaria,
cuántas remembranzas deambulan
por mi fraudulenta memoria,
abriéndose paso entre mis sueños y pesadillas.

Tanto así me has marcado
tú, la Italia campesina.

La azada en mi mano,
el sudor sobre mi frente,
el secor ajando mi garganta,
mientras aun azadono alredeor de los cerezos,
de los perales, de los manzanos, nogales y avellanos.
sendas fosas para el abono;
como en un poético y lucubrador coíto
ansimante y delicioso
entre mis manos y tus tierras,
desde la obscuridad de mi alcoba
y la profundidad de mis sueños.

Somma Vesuviana, son tus uvas
la fuente del vino que corre por mis venas.

Campania hermosa, generosa y castigada,
en mi corazón suena aún tu campanada.

Muy bien Felipe Antonio,
el homenaje
a la campiña italiana de los ancestros!!
Me ha tocado de cerca,
pues mi abuela era de Portofino
y si algo tenemos en la familia
de artístico,
de belleza,
de agricultores
o de artesanos,
se lo debemos a su sangre.
Un abrazo y felicitaciones,
edelabarra
 
Muy bien Felipe Antonio,
el homenaje
a la campiña italiana de los ancestros!!
Me ha tocado de cerca,
pues mi abuela era de Portofino
y si algo tenemos en la familia
de artístico,
de belleza,
de agricultores
o de artesanos,
se lo debemos a su sangre.
Un abrazo y felicitaciones,
edelabarra


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