Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Este amor es ciego, más no mudo,
me atormenta por las noches sin querer
deslizando ecos de infortunio
como dulces besos del ayer;
y puedo estar ciega pero escucho,
como arrastra una razón de ser
y no le importa, si con eso me desgasta
porque este amor nada más que piensa en él.
A veces río por no llorar
¡Y es que he llorado tanto!
que casi no puedo recordar,
aquellos días tan felices de mi encanto,
en los que no había, quien me hiciese a mi llorar
hasta que inocentemente, para mi hoy espanto
en su camino, yo me vine a atravesar
Y he dejado los pies en el asfalto.
Y he dejado la frente en su dintel
Y tal parece que de allí he agotado el llanto,
y ha quedado mi cuerpo inerte en el tropel
cansado de si mismo, como esperando,
inútilmente, por un nuevo amanecer
Si me conduelo de mi misma,
de ustedes, mis hermanos,
¿qué me puedo yo esperar?.
Respiro hondo caen mis manos
y pretendo, escribiendo,
al tiempo engañar, ¡que va!
Diluyendo entre lágrimas segundos, minutos
cualquier límite, que me permita obviar
que a una depresión profunda
estoy a punto yo de entrar
Si ya veo las puertas
Ya veo la oscuridad
Por un momento me aferro
a estas pequeñas teclas
y tecleo y tecleo
buscando un último hálito de voluntad
Pero es tarde la puerta tras de mi se cierra
La oscuridad proyecta un frío espectacular
Menos mal, que me sé de memoria las teclas,
y he podido continuar
Acosa el silencio
Paralizado el plexo,
cada vez me es más difícil respirar.
Aun hay conciencia entiendo
pues aun escribo sin parar.
Más nada veo nada siento
Nada puedo escuchar
ni tan siquiera el sonido de las teclas;
ni tan siquiera la hendidura,
monótonamente indiscreta,
que se supone que hacen las teclas
cuando las vuelvo a teclear
¡Bien!, eso no importa
Segundo, tercer plano,
incluso en estado de inmortalidad,
ante el hecho crudo y claro
de que me he desdoblado:
en mitad y mitad
una enferma, asustada
de tanto sufrir, cansada
de tanto llorar sin par
La otra, diestra e inteligentemente, dispuesta
a censurar a su hermana
o a su otra mitad.
No hay jueces.
Yo ya no existo,
me he disgregado
y no me he vuelto a juntar
Nada existe.
Nada duele.
Hay guerra
pero no se
quién quede
justo al final
me atormenta por las noches sin querer
deslizando ecos de infortunio
como dulces besos del ayer;
y puedo estar ciega pero escucho,
como arrastra una razón de ser
y no le importa, si con eso me desgasta
porque este amor nada más que piensa en él.
A veces río por no llorar
¡Y es que he llorado tanto!
que casi no puedo recordar,
aquellos días tan felices de mi encanto,
en los que no había, quien me hiciese a mi llorar
hasta que inocentemente, para mi hoy espanto
en su camino, yo me vine a atravesar
Y he dejado los pies en el asfalto.
Y he dejado la frente en su dintel
Y tal parece que de allí he agotado el llanto,
y ha quedado mi cuerpo inerte en el tropel
cansado de si mismo, como esperando,
inútilmente, por un nuevo amanecer
Si me conduelo de mi misma,
de ustedes, mis hermanos,
¿qué me puedo yo esperar?.
Respiro hondo caen mis manos
y pretendo, escribiendo,
al tiempo engañar, ¡que va!
Diluyendo entre lágrimas segundos, minutos
cualquier límite, que me permita obviar
que a una depresión profunda
estoy a punto yo de entrar
Si ya veo las puertas
Ya veo la oscuridad
Por un momento me aferro
a estas pequeñas teclas
y tecleo y tecleo
buscando un último hálito de voluntad
Pero es tarde la puerta tras de mi se cierra
La oscuridad proyecta un frío espectacular
Menos mal, que me sé de memoria las teclas,
y he podido continuar
Acosa el silencio
Paralizado el plexo,
cada vez me es más difícil respirar.
Aun hay conciencia entiendo
pues aun escribo sin parar.
Más nada veo nada siento
Nada puedo escuchar
ni tan siquiera el sonido de las teclas;
ni tan siquiera la hendidura,
monótonamente indiscreta,
que se supone que hacen las teclas
cuando las vuelvo a teclear
¡Bien!, eso no importa
Segundo, tercer plano,
incluso en estado de inmortalidad,
ante el hecho crudo y claro
de que me he desdoblado:
en mitad y mitad
una enferma, asustada
de tanto sufrir, cansada
de tanto llorar sin par
La otra, diestra e inteligentemente, dispuesta
a censurar a su hermana
o a su otra mitad.
No hay jueces.
Yo ya no existo,
me he disgregado
y no me he vuelto a juntar
Nada existe.
Nada duele.
Hay guerra
pero no se
quién quede
justo al final
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