pachamerikano
Poeta asiduo al portal
Tengo un miedo profundo
y es el mas profundo de todos,
encontrarme a mis 60
ante un espejo llamado conciencia
y que me diga
¡coño¡ no es lo que quería por vida¡
por verme gris.
Ser Gris
El lugar, era un horizonte lejano,
tan lejano,
que creo se encontraba a mis espalda.
Al caminar,
podía sentir el crujir de
la tierra árida a mis pies,
el viento que pegaba en mi cara
lo sentía cansado,
cansado de su suerte
y lo sentía más liviano aún
que los vientos de los bosques
tan llenos de vida.
Aullidos,
voces lejanas,
olores,
en ese lugar,
te harían notar la
presencia misma de la vida,
pero la ausencia de los mismos,
te pondrían a reflexionar
acerca del vivir.
Deducías, fácilmente,
que existe una gran diferencia
entre vivir y sentirse vivo
y te pondrías a analizar la forma,
como los hombres grises llevan sus vidas
controladas por fórmulas.
¡Pobres hombres grises,
tan llenos de vida,
pero tan faltos de ella!.
De pronto,
una lágrima corrió por mi mejilla,
mojando mis labios temblorosos de ira,
porque me veía
como uno más de ellos,
uno más,
de esos hombres grises,
borregos del consumismo,
dormidos en el letargo de la ingenuidad,
esperando
tan sólo que el lobo cercene sus cuellos
para así alimentarse
de una sangre conformista
y, a su vez, realmente mediocre.
y es el mas profundo de todos,
encontrarme a mis 60
ante un espejo llamado conciencia
y que me diga
¡coño¡ no es lo que quería por vida¡
por verme gris.
Ser Gris
El lugar, era un horizonte lejano,
tan lejano,
que creo se encontraba a mis espalda.
Al caminar,
podía sentir el crujir de
la tierra árida a mis pies,
el viento que pegaba en mi cara
lo sentía cansado,
cansado de su suerte
y lo sentía más liviano aún
que los vientos de los bosques
tan llenos de vida.
Aullidos,
voces lejanas,
olores,
en ese lugar,
te harían notar la
presencia misma de la vida,
pero la ausencia de los mismos,
te pondrían a reflexionar
acerca del vivir.
Deducías, fácilmente,
que existe una gran diferencia
entre vivir y sentirse vivo
y te pondrías a analizar la forma,
como los hombres grises llevan sus vidas
controladas por fórmulas.
¡Pobres hombres grises,
tan llenos de vida,
pero tan faltos de ella!.
De pronto,
una lágrima corrió por mi mejilla,
mojando mis labios temblorosos de ira,
porque me veía
como uno más de ellos,
uno más,
de esos hombres grises,
borregos del consumismo,
dormidos en el letargo de la ingenuidad,
esperando
tan sólo que el lobo cercene sus cuellos
para así alimentarse
de una sangre conformista
y, a su vez, realmente mediocre.
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