Francyleth
Poeta asiduo al portal
Hacia el norte de tu querida montaña
hay un antiguo misterio enterrado,
es mi sur ajeno que se hace bello
y del que nunca me he olvidado,
pero sin querer insisto
entre ranas y aves extrañas
y de colorido placer me visto
recolectado de los techos las arañas;
y se me va la vida pensando en las acuarelas
del cielo y del pueblo, por Dios pintadas,
y yo siento pasión por sus estelas
y por las lunas del sol ilusionadas
y me pregunto la función de la frontera
en donde mi sangre es rechazada;
en esa verde vida la ilusión es certera,
y por esos campos mi raza segregada
es por sus propios vicios oprimida
y un viento helado, el alma, se la lleva,
en tu planicie me quede dormida
sólo por no quedar enamorada;
y en la tierra de mi comienzo
me enseñaron a escribir versos
con mi piel morena como lienzo
vestigios de esos agitados rezos
que invocaron mis antepasados,
todos juntos por esta bella tierra
sin que existieran divisiones
y mucho menos muros o cadenas
juntándose los lagos y volcanes
con la pura vida de tu veste
recogiendo de los bosques los despojos
en las azules playas de mi este
y en el celeste oeste de tus ojos.
hay un antiguo misterio enterrado,
es mi sur ajeno que se hace bello
y del que nunca me he olvidado,
pero sin querer insisto
entre ranas y aves extrañas
y de colorido placer me visto
recolectado de los techos las arañas;
y se me va la vida pensando en las acuarelas
del cielo y del pueblo, por Dios pintadas,
y yo siento pasión por sus estelas
y por las lunas del sol ilusionadas
y me pregunto la función de la frontera
en donde mi sangre es rechazada;
en esa verde vida la ilusión es certera,
y por esos campos mi raza segregada
es por sus propios vicios oprimida
y un viento helado, el alma, se la lleva,
en tu planicie me quede dormida
sólo por no quedar enamorada;
y en la tierra de mi comienzo
me enseñaron a escribir versos
con mi piel morena como lienzo
vestigios de esos agitados rezos
que invocaron mis antepasados,
todos juntos por esta bella tierra
sin que existieran divisiones
y mucho menos muros o cadenas
juntándose los lagos y volcanes
con la pura vida de tu veste
recogiendo de los bosques los despojos
en las azules playas de mi este
y en el celeste oeste de tus ojos.