SidVicius
Bohemio hecho de recuerdos
Vi caer una gota de lluvia.
La noche callada, ocultando estrellas,
el viento marcado con sellos marchitos;
aromas condenables
y un silencio que atormenta.
Ella, de sonrisa inocente, de voz delicada y pupilas rosadas,
que juega primitivamente, ignorando pensamientos.
Él, hombre tosco, lleno de remordimientos,
de palabras silenciosas y mirada hacia la nada.
Ella, apenas un niña
Él, se llama, padre.
Y un silencio que los contempla mientras duermen..
Sueños puros, libres de maldad, añorando sus gastados juguetes,
recordando a la madre no presente...
peluches sucios, muñecas incompletas,
las paredes manchadas y una cama enclenque.
Sueños de una niña cubierta con una sábana blanca;
el viento marcado,
y una noche que calla.
Pasos húmedos en el cuarto, interrumpen la paz que soñaba,
sombra perversa y familiar, que se acerca a la niña a su cama.
Un grito interrumpido, una mano áspera sobre sus labios,
ojos asustados, desesperados, mirando la oscuridad
la noche marcada por el pecado,
y por los gritos pausados.
Minutos de peleas, golpes, y un desgarrador llanto;
la sombra sobre la cama...
y la noche que cubre la maldad.
Un silencio eterno
nada más.
La sombra que se aleja no lleva remordimientos...
los pasos húmedos y familiares que se robaron su inocencia,
van dejando atrás la escena de la aspereza.
Un oso de peluche, testigo inerte del delito;
su ropa rasgada en el suelo,
y el viento con el aroma morboso y fétido
las sábanas manchadas con sangre del horror,
y un cuerpito extendido, sobre la cama mojada
Sus ojos húmedos-espejos de su inerte corazón-;
derramaron lágrimas sobre sus labios...
-cristales trizados y fríos por el dolor-
causadas por el hombre que la cuidó.
La noche callada ocultando el pecado,
el viento fétido que se llevó su inocencia;
aromas marcados,
con el silencio de la indecencia
Ella, era apenas una niña,
Él, dijo llamarse Padre
Vi caer una lágrima
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:::S no tengo palabras::