Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Háblame del mar;
tú, que lo llevas en los ojos,
habla a los míos,
ciegos de azules aguas
y horizontes de olas.
Háblame del mar, aquí,
en el mirador que da a la solana,
abierto por sus cristales
al páramo, a los eriales
que la luz del sol baña.
Háblame del mar
y dime si el agua se mueve
como ondean los trigales,
mies dorada,
cuando el viento los acaricia.
¿Acaso el rumor de las olas
es como el aire
que cruza los pinares,
agitando las ramas,
doliéndose en las hojas
que por doquier se le clavan?
Háblame del mar,
de las noches en calma
en las que, en sus oscuras aguas,
la luna y las estrellas,
pudorosas, se bañan.
Y, dime,
su embrujo, su misterio,
el sabor salobre...
¿Son lágrimas que hayan derramado
todos los que, como yo,
aún el mar no conocen?.
Háblame del mar con voz soñadora,
con acento enamorado;
háblame de marejadas y resacas,
de tempestades y calma.
Cuéntame de mi sueño ilusionado.
Dime que un día
iré de tu mano a verlo
y lo veré en tus ojos reflejado
y será su sabor
como el beso de tus labios.
Dime que no volveré nunca
donde la tierra es árida y seca.
Dime que no caminaré más
por caminos de polvo y barro.
Dime que sólo la luz y el mar,
contigo al lado,
guiarán mis pasos.
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