Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
Te soñaría despierto por osadía
entre los tonos suaves de los despertares,
que oscurecen mi mirada cada día.
Y sentir tu ausencia acrecentándose en dolores.
Pasar un instante como desconocido
encontrarme entre los versos de tus líneas,
y al abrazo ingrato de la soledad, quedar adherido.
Pero en el discurrir de tus palabras eternas.
Mi mirada te ha buscado en la vieja estación
entre saltos y corazonadas de aquellos que viajan,
pido ventanilla en este grato tren de tu composición.
Y un gran sol para repasar tus versos que también se embarcan.
En una noche enredada tu aroma perdí
y el hilo de mis sueños se desmadeja,
a tientas he atrapado el talismán que perseguí.
Espero tu mirada de amanecer y tus mejillas bermejas.
Sabrás que estoy, en lo melancólico de la esquina
entre las páginas amarillas de mis viejos escritos,
con aquellas rosas secas y su doliente espina.
En el silencio de la soledad que me llama a gritos.
Mis mañanas agonizan en tus sueños sin cumplir
las ilusiones en éxodo mueren con el calor del olvido,
se marchitan los caminos de tanto ir y venir.
Nos agrieta el paso de la vida y todo lo vivido.
Tu recuerdo se cobija en la alcoba de mi memoria
la noche mea vencido y está abriéndose la mañana,
repaso páginas enteras de tu vida en mi historia.
A veces entre mis oraciones te nombro, Aldana.
entre los tonos suaves de los despertares,
que oscurecen mi mirada cada día.
Y sentir tu ausencia acrecentándose en dolores.
Pasar un instante como desconocido
encontrarme entre los versos de tus líneas,
y al abrazo ingrato de la soledad, quedar adherido.
Pero en el discurrir de tus palabras eternas.
Mi mirada te ha buscado en la vieja estación
entre saltos y corazonadas de aquellos que viajan,
pido ventanilla en este grato tren de tu composición.
Y un gran sol para repasar tus versos que también se embarcan.
En una noche enredada tu aroma perdí
y el hilo de mis sueños se desmadeja,
a tientas he atrapado el talismán que perseguí.
Espero tu mirada de amanecer y tus mejillas bermejas.
Sabrás que estoy, en lo melancólico de la esquina
entre las páginas amarillas de mis viejos escritos,
con aquellas rosas secas y su doliente espina.
En el silencio de la soledad que me llama a gritos.
Mis mañanas agonizan en tus sueños sin cumplir
las ilusiones en éxodo mueren con el calor del olvido,
se marchitan los caminos de tanto ir y venir.
Nos agrieta el paso de la vida y todo lo vivido.
Tu recuerdo se cobija en la alcoba de mi memoria
la noche mea vencido y está abriéndose la mañana,
repaso páginas enteras de tu vida en mi historia.
A veces entre mis oraciones te nombro, Aldana.
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