Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
Soltaste mi mano en la vieja estación
la lágrima almacenada se filtró rápida,
pero te devoran las puertas para el adiós.
Y no volverás más, aunque te lo pida.
La lluvia te perseguía en silencio
humedeciendo tus huellas desnudas,
agrandando el llanto de mi precipicio.
Ahogando el dolor y las dudas.
Cerraste mi cortina delgada
como en un puño doliente que te aleja,
la estación se distancia de tu mirada.
Creo haberte visto entre la lluvia que te refleja.
La tarde dibujó en gris el horizonte
su mano asomaba en despedida,
traspasaste el umbral de la noche, de repente.
Esto sin ti, ya no es vida.
Olvidé buscar en el inolvidable baúl
ese ingrato recuerdo de ferias,
nada retrocede en el abierto azul.
Sólo quería que lo supieras.
Niña, levanta tu mirada
déjame tus pasos silentes,
que me acompañen a la nada.
Ahí donde los llantos de antes.
No me mires con tu carita de lluvia, me decía
mientras apresuraba el paso y caminaba ligera,
aquella vez también lloró el cielo y era de día.
Hoy es de noche y mi alma aún te espera.
Para conservar tu mirada
cierro los ojos,
no para dejar de mirarte en esta despedida.
En este tu triste adiós.
la lágrima almacenada se filtró rápida,
pero te devoran las puertas para el adiós.
Y no volverás más, aunque te lo pida.
La lluvia te perseguía en silencio
humedeciendo tus huellas desnudas,
agrandando el llanto de mi precipicio.
Ahogando el dolor y las dudas.
Cerraste mi cortina delgada
como en un puño doliente que te aleja,
la estación se distancia de tu mirada.
Creo haberte visto entre la lluvia que te refleja.
La tarde dibujó en gris el horizonte
su mano asomaba en despedida,
traspasaste el umbral de la noche, de repente.
Esto sin ti, ya no es vida.
Olvidé buscar en el inolvidable baúl
ese ingrato recuerdo de ferias,
nada retrocede en el abierto azul.
Sólo quería que lo supieras.
Niña, levanta tu mirada
déjame tus pasos silentes,
que me acompañen a la nada.
Ahí donde los llantos de antes.
No me mires con tu carita de lluvia, me decía
mientras apresuraba el paso y caminaba ligera,
aquella vez también lloró el cielo y era de día.
Hoy es de noche y mi alma aún te espera.
Para conservar tu mirada
cierro los ojos,
no para dejar de mirarte en esta despedida.
En este tu triste adiós.
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