Osmara Cantero
Poeta adicto al portal
Paradoja de la vida, que guia nuestros destinos
y que nos hace danzar, en una gran mascarada
donde se nace y se muere, sin encontrar un sentido
sin saber a donde vamos, para llegar a la nada
Pasiones entretorcidas, que abarcan al individuo
temores indescifrables, manejando nuestra suerte
rencores disimulados, quedando como residuos
y al final de la jornada, esperandonos la muerte
Sin atender a razones, implacable y caprichosa
sin respetar ningún signo, olvidándose de rangos
saliendo siempre en su juego, como vencedora airosa
en el sabido final, de nuestro último tango
Así, se ponen las reglas, por el tiempo y por la vida
sabiéndonos ya el final, sin cambio, siempre constante
teniendo cartas marcadas. Con la jugada perdida
esperando recelosos, que llegue el último instante
Con el temor del instinto, de que nos falte un adiós
de que sirven las riquezas, cuando se viran las cartas
disfrutemos los momentos, quedemos en paz con Dios
da igual, ser un pobre diablo, o tener llenas las arcas.
y que nos hace danzar, en una gran mascarada
donde se nace y se muere, sin encontrar un sentido
sin saber a donde vamos, para llegar a la nada
Pasiones entretorcidas, que abarcan al individuo
temores indescifrables, manejando nuestra suerte
rencores disimulados, quedando como residuos
y al final de la jornada, esperandonos la muerte
Sin atender a razones, implacable y caprichosa
sin respetar ningún signo, olvidándose de rangos
saliendo siempre en su juego, como vencedora airosa
en el sabido final, de nuestro último tango
Así, se ponen las reglas, por el tiempo y por la vida
sabiéndonos ya el final, sin cambio, siempre constante
teniendo cartas marcadas. Con la jugada perdida
esperando recelosos, que llegue el último instante
Con el temor del instinto, de que nos falte un adiós
de que sirven las riquezas, cuando se viran las cartas
disfrutemos los momentos, quedemos en paz con Dios
da igual, ser un pobre diablo, o tener llenas las arcas.