Mitra
Poeta adicto al portal
En el revuelto de mis luces
con el hielo de mis cuerdas,
se halla el silencio, prevenido
un instinto, casi incisivo...
decibeles que ahorcan mis latidos.
Mis pestañas ennegrecidas
como rizo humedecido,
fueron vecinas a mis cejas
ondeadas en su raíz,
en llanto conmovido;
y su final longilineo.
Los lobos aúllan expectantes,
de los gritos que no profiero,
miro cuervos, miro los cielos,
haciendo una negra corona
a mis pensamientos...
Se resbalan como el rocío en primavera
y se acumulan como la escarcha en invierno;
Otro canto a mis desvaríos,
y las premoniciones calladas
lapidas de aire, aire muerto.
En un anden seducido
camina la fiera, sobre un hilo,
paso a paso, con sombras bailarinas
arrastrando sus garras,
arañando como espinas,
a mi palabra y su huída....
A el rojo sanguíneo tras mis párpados,
a el canto del colibrí lejano
como un zumbido pronto a espirar,
un roce dulce a mis labios amargos
en recreo de mi cuerpo.
El espacio se va concentrando,
siento levitar mis manos,
y mis recuerdos en arenas movedizas
como bayunco espectro moribundo.
El ahora es un momento,
el ritual de mis dedos,
con los poros cenicientos
de aquel llanto que inmuta mi rostro
callando mis labios y mis ojos...
Tallando, tejiendo, esculpiendo, al rocoso
grito de mis adentros,
hoy vivo en estas líneas,
y muero en mi garganta,
el ave delineó un lucero.
Mitra
con el hielo de mis cuerdas,
se halla el silencio, prevenido
un instinto, casi incisivo...
decibeles que ahorcan mis latidos.
Mis pestañas ennegrecidas
como rizo humedecido,
fueron vecinas a mis cejas
ondeadas en su raíz,
en llanto conmovido;
y su final longilineo.
Los lobos aúllan expectantes,
de los gritos que no profiero,
miro cuervos, miro los cielos,
haciendo una negra corona
a mis pensamientos...
Se resbalan como el rocío en primavera
y se acumulan como la escarcha en invierno;
Otro canto a mis desvaríos,
y las premoniciones calladas
lapidas de aire, aire muerto.
En un anden seducido
camina la fiera, sobre un hilo,
paso a paso, con sombras bailarinas
arrastrando sus garras,
arañando como espinas,
a mi palabra y su huída....
A el rojo sanguíneo tras mis párpados,
a el canto del colibrí lejano
como un zumbido pronto a espirar,
un roce dulce a mis labios amargos
en recreo de mi cuerpo.
El espacio se va concentrando,
siento levitar mis manos,
y mis recuerdos en arenas movedizas
como bayunco espectro moribundo.
El ahora es un momento,
el ritual de mis dedos,
con los poros cenicientos
de aquel llanto que inmuta mi rostro
callando mis labios y mis ojos...
Tallando, tejiendo, esculpiendo, al rocoso
grito de mis adentros,
hoy vivo en estas líneas,
y muero en mi garganta,
el ave delineó un lucero.
Mitra
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