Alex Courant
Poeta adicto al portal
Detrás de tu espalda,
como un círculo inextinguible,
como la maquinaria que no cesa,
ávido crece el musgo
en todos los rincones,
el hollín en los viejos trastos,
la polilla en la pálida madera.
Tarde o temprano, las moscas
llegan por la ventana,
las alimañas por las grietas,
la conciencia por las sombras,
y estruendoso y mordaz
será el ruido de la calle,
de la serpenteante avenida,
de lo carros y los hombres.
Detrás de tu espalda
el plomo del día acribilla al aire
y en el aire se va.
Se despide con un fuerte silbo
entre la miseria de tu cabellera.
Deja en vilo, suspendida,
a la dolorida flor negra
que nace de tus dientes,
segrega el aceite de tu carne
a la lámpara de los muertos.
El muro de tu cuerpo
cae en tierra de tu rodilla
y tu mirada, tu oculta mirada,
aboca el espacio con el polvo,
anhelando tus ojos.
Todos se han ido
Y en la palma de tus manos
siempre quedó la mórbida sustancia
de la nada en las cosas.
*
como un círculo inextinguible,
como la maquinaria que no cesa,
ávido crece el musgo
en todos los rincones,
el hollín en los viejos trastos,
la polilla en la pálida madera.
Tarde o temprano, las moscas
llegan por la ventana,
las alimañas por las grietas,
la conciencia por las sombras,
y estruendoso y mordaz
será el ruido de la calle,
de la serpenteante avenida,
de lo carros y los hombres.
Detrás de tu espalda
el plomo del día acribilla al aire
y en el aire se va.
Se despide con un fuerte silbo
entre la miseria de tu cabellera.
Deja en vilo, suspendida,
a la dolorida flor negra
que nace de tus dientes,
segrega el aceite de tu carne
a la lámpara de los muertos.
El muro de tu cuerpo
cae en tierra de tu rodilla
y tu mirada, tu oculta mirada,
aboca el espacio con el polvo,
anhelando tus ojos.
Todos se han ido
Y en la palma de tus manos
siempre quedó la mórbida sustancia
de la nada en las cosas.
*