Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Esta mañana agostina
la lluvia se reveló incapaz de mojar nada,
un viento juliano me trajo tardías añoranzas de onomástico
para acallar mis sentimientos de vampiro frustrado.
Mi gata me saludó indiferente antes del bombardeo cotidiano de las interpretaciones manopáusicas
a mis expresiones andropáusicas;
y luego, la calle...
Envuelto en la ciudad ruidosa cuyos zumbidos agostinos le dan un ambiente de ciénaga asfaltada sufriendo sus sequías entubadas.
Me abominé dentro del infierno traqueteoso de los segundos de cuarzo y los silencios pensativos de los transeúntes.
¡Vaya vida!...
La ciudad estrena pasadizos de muerte accidentada bajo llantas de trolebús reconstruido.
Antes que darme a muerte me perdono
me perdono la vida
para sobrellevar con decoro todo suicidio involuntario.
Busco luz y la veo en la piel clara de una sirena de parafina decorada con
celular a la moda y la mente llena con las perversiones alquímicas de un tal Coello.
Me bajo del cajón de hierro ecológico
y la sirena improvisada me galantea el timbre
adivino dentro de su escote las diminutas blancuras floreando un pezón rosa.
Me adivinan la adivinanza
y la doble adivinadora me obsequia fantasías ladeadas a modo de descuido.
Las calles largas me esperan como todos los días
las viejas palomas de San Francisco se divierten cagándose sobre el hombro desnudo de las devotas más veteranas.
Un suspiro exorciza todo mal de mañana, amodorrado.
El paso cobra fuerza ,
la vida huele a alegría, olorosa a no hay más que esto.
El mar está lejos (pienso)
¡Ah la locura!
siempre fugándose a donde menos puede ir:
es agosto...
hasta el tiempo es absurdo ,
el sol queriendo calentar;
y la lluvia fingiendo que refresca,
que moja,
volviendo río a las calles de asfalto sepulcral para los pasos muertos:
¡ahora quiere ser espejo!,
espejo de agua ,
inútil para una época de tan pocas faldas
y muchos pantalones.
la lluvia se reveló incapaz de mojar nada,
un viento juliano me trajo tardías añoranzas de onomástico
para acallar mis sentimientos de vampiro frustrado.
Mi gata me saludó indiferente antes del bombardeo cotidiano de las interpretaciones manopáusicas
a mis expresiones andropáusicas;
y luego, la calle...
Envuelto en la ciudad ruidosa cuyos zumbidos agostinos le dan un ambiente de ciénaga asfaltada sufriendo sus sequías entubadas.
Me abominé dentro del infierno traqueteoso de los segundos de cuarzo y los silencios pensativos de los transeúntes.
¡Vaya vida!...
La ciudad estrena pasadizos de muerte accidentada bajo llantas de trolebús reconstruido.
Antes que darme a muerte me perdono
me perdono la vida
para sobrellevar con decoro todo suicidio involuntario.
Busco luz y la veo en la piel clara de una sirena de parafina decorada con
celular a la moda y la mente llena con las perversiones alquímicas de un tal Coello.
Me bajo del cajón de hierro ecológico
y la sirena improvisada me galantea el timbre
adivino dentro de su escote las diminutas blancuras floreando un pezón rosa.
Me adivinan la adivinanza
y la doble adivinadora me obsequia fantasías ladeadas a modo de descuido.
Las calles largas me esperan como todos los días
las viejas palomas de San Francisco se divierten cagándose sobre el hombro desnudo de las devotas más veteranas.
Un suspiro exorciza todo mal de mañana, amodorrado.
El paso cobra fuerza ,
la vida huele a alegría, olorosa a no hay más que esto.
El mar está lejos (pienso)
¡Ah la locura!
siempre fugándose a donde menos puede ir:
es agosto...
hasta el tiempo es absurdo ,
el sol queriendo calentar;
y la lluvia fingiendo que refresca,
que moja,
volviendo río a las calles de asfalto sepulcral para los pasos muertos:
¡ahora quiere ser espejo!,
espejo de agua ,
inútil para una época de tan pocas faldas
y muchos pantalones.
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