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Un muerto sin obituario

Tema en 'Poemas de Amor' comenzado por Jose Carlos Botto Cayo, 12 de Diciembre de 2006. Respuestas: 4 | Visitas: 699

  1. Jose Carlos Botto Cayo

    Jose Carlos Botto Cayo Poeta adicto al portal

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    Hoy no llorare por el muerto
    no prendere velas
    no habran flores
    no sera necesario recordarlo

    El muerto de hoy
    cae sin justicia
    cubierto por el odio del mundo
    perseguido por sus fantasmas

    Hoy no celebraremos misas
    no estaran las damas llorando
    el pueblo no vestira de negro
    mas el pueblo no lo olvidara

    El pais alguna vez renaciente
    celebra hoy la partida
    una puta menos en las calles
    un muerto podrido desde su nacimiento

    Hoy dejaremos las penas de lado
    celebrando en las calles
    un dia de liberación
    un hijoeputa menos en el mundo

    Dicen que quemaran el cuerpo
    pero las llamas purificadores lo escupiran
    un muerto que ni el diablo recibira

    Hoy mirando el cielo
    Dios celebra con sus angeles
    un miserable mas fuera del mundo
    una escoria que soño ser humano
     
    #1
  2. coral

    coral Una dama muy querida en esta casa.

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    Segundo poema que leo: con palafras crudas:Es un lindo poema, pero tu pluma escribe con ira... Mi sAludos.*Coral*
     
    #2
  3. Jose Carlos Botto Cayo

    Jose Carlos Botto Cayo Poeta adicto al portal

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    Que te puedo decir.... hablar de Pinochet y el mal que hizo a la humanidad, no se puede perdonar ni olvidar.... mas que nada si uno escucha el ultimo mensaje de Allende o lee la ultima poesia de Victor Jara..... hombres que tuvieron una muerte adelantada e injusta por un mercenario como Pinochet.... ahora bien te dejo el ultimo poema de Victor Jara

    El último canto de Víctor Jara versión completa

    Estadio Chile Víctor Jara


    Somos cinco mil aquí

    en esta pequeña parte de la ciudad.

    Somos cinco mil.

    ¿Cuántos seremos en total

    en las ciudades y en todo el país?



    Somos aquí diez mil manos

    que siembran y hacen andar las fábricas.

    ¡Cuánta humanidad

    con hambre, frío, angustia, pánico,

    dolor, presión moral, temor y locura!



    Seis de los nuestros se perdieron

    en el espacio de las estrellas.

    Un muerto, uno golpeado

    como jamás nunca creí

    se podría golpear a un ser humano.

    Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores,

    unos saltando al vacío,

    otros golpeándose la cabeza contra el muro,

    pero todos..., todos, con la mirada fija

    de la muerte.



    ¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!

    Llevan a cabo sus planes con precisión certera

    sin importarles nada.

    La sangre para ellos son medallas,

    la matanza es acto de heroísmo.

    ¿Es este el mundo que creaste, Dios mío?

    ¿Para esto tus siete días de ascenso y de trabajo?



    En estas cuatro murallas, sólo hay un número

    que me preocupa,

    que lentamente quería más la muerte.

    Pero de pronto me golpea la conciencia

    y veo esta marea sin latido,

    pero con el pulso de las máquinas

    y los militares mostrando su rostro de matrona

    lleno de dulzura...



    ¡Y México y Cuba y el mundo

    que grita esta ignominia!



    Somos diez mil manos que producen.

    ¿Cuántos somos en toda la patria?

    La sangre del compañero Presidente

    golpea más fuerte que bombas y metrallas.

    ¡Así golpeará nuestro puño nuevamente!



    ¡Ay, canto, qué mal me sales!

    ¡Cuándo tengo que cantar, espanto!



    Espanto como el que vivo,

    como el que muero, espanto.

    De verme entre tanto y tantos

    momentos del infinito

    en que el silencio y el grito

    son las metas de este canto.

    Lo que veo nunca vi,

    lo que he sentido y que siento...

    harán brotar al momento... (borroneado en el original)

    de la sangre, un fusil...
     
    #3
  4. DEJAVU

    DEJAVU Poeta adicto al portal

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    No había leído comentarios y ya sabía de quien hablabas.
    Triste es producir estas huellas despues de partir; pero al
    fin uno mismo se esculpe la propia justicia.
    Interesante lectura, gracias por compartir.
    Saludos,


    DEJAVU
     
    #4
  5. Jose Carlos Botto Cayo

    Jose Carlos Botto Cayo Poeta adicto al portal

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    Justo ahora leia un articulo del muertito este

    Augusto Pinochet, asesino
    Por José Pablo Feinmann
    http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-77546-2006-12-11.html

    Y se murió de viejito nomás. En una cama, del corazón (un corazón al que sólo acudió para morir tranquilo), rodeado de fascistas y dolorosamente impune. Cuesta encontrar las palabras para expresar la monstruosidad de este hombre. Cuesta expresar la tragedia que implicó en nuestras vidas. Inauguró el golpe sangriento, con torturas sin límite, con desaparecidos. Todo golpe cruento, asesino, tomó su nombre: pinochetazo. Aquí, a mediados del ’75, todos lo decían: “Lo que se viene es el pinochetazo”. Debimos saberlo desde el ’73. Debimos saber que el adversario no sólo era poderoso, sino que era criminal. Debimos haber puesto cautela en nuestra mano; no frenarla, no pararla, pero reflexionar que lo de Chile nos dejaba muy solos, era muy desmedido y reclamaba eso: cautela. Pero estábamos embalados. En septiembre de 1973 la Facultad de Filosofía y Letras dictaba muchas de sus materias en la calle Córdoba. Un lindo lugar con una capilla en el medio. Ivannisevich se sacó una foto pegándole con un pico a una pared, destruyendo el edificio. Prolijos, dejaron la capilla. Todavía está. Un pibe de la JUP me dijo del golpe y se me ofreció para levantar mi clase. Yo, uno se creía, aún, inmortal, le dije que la levantaba yo y llevaba a mis alumnos a la marcha. Salimos de las aulas en busca de las marchas. Sentíamos más la presencia de la JP en las calles, vivando a Allende, que la relación profunda, íntima, que la tragedia de Chile tenía con nosotros. En esa época las fronteras parecían más lejanas. Si algo pasaba en Chile, no tenía por qué pasar aquí.

    En seguida llegó la foto del carnicero. Es la perfecta caricatura del general golpista sudamericano. La jeta erguida, bigote, anteojos negros. Después, la noticia de la muerte de Allende. Decían: se suicidó. Un periodista le pregunta a Ricardo Balbín qué haría él en una situación así. El compadrito de comité se mandó una histórica: “¡Ah, no! A mí no me hacen eso”. No recuerdo qué dijo Perón. Nada memorable, sin duda. Poco tiempo después cruzaba la cordillera y se entrevistaba con el carnicero. ¡Qué vivos están estos recuerdos! Los dos bien trajeados de milicos. Con capas y todo. Le gustaban las capas a Pinochet. Al día siguiente o a los dos días empezaron a llegar los exiliados, los que apenas habían salvado el pellejo o los que habían sido escupidos del Estado Nacional. Estaban desechos. En Ezeiza, el gobierno argentino les tomó huellas digitales hasta de los dedos del pie. Les tomaron todos los datos, los ficharon bien fichados, les hicieron saber que si algo raro hacían duraban media hora sin ser arrestados. El Descamisado publicó las fotos y tituló: “Esta vergüenza se hace en nombre del peronismo”. Claro que sí: eso hizo el peronismo. Lo habría hecho cualquier gobierno argentino. Pero el peronismo de esos días era pinochetista. Cosa que, en algún oscuro rincón de su alma, siempre puede volver a ser si es necesario.

    López Rega habrá brindado con champán. El carnicero de Chile estaba enseñando cómo se arreglan las cosas con el marxismo internacional, con la sinarquía apátrida. Nosotros empezamos a enterarnos de las peores cosas. Las versiones que llegaban sobre las torturas y las violaciones del Estado Nacional estremecían. ¿Era posible tanta crueldad? Se sabía que estaba lleno de tipos de la CIA el Estadio. Que los de la CIA eran especialmente activos en torturar y hasta enseñaban a los empeñosos chilenos cómo hacerlo. Las mujeres que maltrataron a Allende con los cacerolazos salieron a festejar. Otros agarraban lo que tenían a mano y huían. “Yo –me contó años después un escritor– llegué a Perú, me metí en una pensión, abrí mi valija y puse en un estante los libros que me había llevado. Ahí estaba mi nueva biblioteca: un libro de Cortázar, otro de Lezama Lima y uno de Tolstoi. Era todo lo que tenía.”

    Un día lo fue a ver Borges. El carnicero estaba orgulloso: el gran escritor había cruzado la cordillera y estaba feliz de verlo. Le puso una condecoración bien llamativa. El gran escritor –el que decía un mar de concheterías bobas cada vez que “comía”, porque un concheto no “almuerza” ni “cena”, “come”, en lo de Bioy Casares– le dijo al carnicero: “Me honra esta condecoración porque Chile tiene la forma de una espada”. También la Thatcher lo recibió y le habló con un inglés lento y vocalizado como para que el carnicero entendiera: “Le agradezco su ayuda en la guerra de las Falklands. Sin sus informaciones nuestros pilotos no podrían haber hecho los blancos que hicieron”. El carnicero sonrió, satisfecho, goloso.

    Cierta vez estaba en una clínica en Londres. Golpean a su habitación. Entra una mujer joven y resuelta, treinta años, por ahí. El carnicero, siempre seductor, sonríe y dice: “Pasa, niña. Dime, ¿a qué vienes?” “A arrestarlo, general. Por violaciones a los derechos humanos.” Se enfurece y llama a sus matones: “¡Saquen de aquí a esta comunista!” Días después regresa a su país. Llega en silla de ruedas. No bien baja del avión se pone de pie y saluda a los suyos. ¡Pícaro el carnicero! Otra vez había engañado a todos.

    No sirve para nada que se muera. Que estos tipos se mueran cuando ya mataron a todos los que querían matar es un pobre consuelo. Ni un cáncer vale desearle. Nadie va a revivir por eso. Nadie va a sufrir menos de lo que sufrió. Deja, para colmo, problemas. Los militares de su país (al que le aseguró la economía y todos sabemos cuánto aprecian esto los pueblos) lo honrarán desde las armas. Michelle Bachelet no lo honrará desde el Estado. Pero habrá que organizar actos en toda América latina. El New York Times ha anunciado su muerte como la de un cruzado contra el marxismo. Puño de hierro, dictador, pero un hombre que no dudó. Fue la suma de las peores cosas que un ser humano puede ofrecer: lo de asesino lo sabemos, pero fue, además, ladrón, mentiroso, cínico, se rió de sus adversarios y de sus muertos. Descansará en paz porque morirse es eso. Pero que no tenga paz su memoria. Que nadie olvide sus crímenes. La era de horror que inauguró. Que en las escuelas argentinas se sepa que Pinochet es parte de nuestra historia, porque prefiguró nuestra pesadilla, porque inspiró a nuestros verdugos. Que gane la verdad por sobre la mentira con que sus adeptos buscan protegerlo. Que su nombre infunda pavor y que ese pavor se transforme en coraje: nunca más un Pinochet. Que haya un busto suyo con una placa en todos los países del mundo. Que esa placa diga: “Augusto Pinochet, asesino”. Porque olvidarlo sería como olvidar Auschwitz, el Estadio Nacional, la ESMA.
     
    #5

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